Recuperación de la colegiata de Santa María de Calatayud

Recuperación de la colegiata de Santa María de Calatayud

LA INSIGNE Y REAL COLEGIATA DE SANTA MARÍA LA MAYOR DE CALATAYUD, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Poco después de la conquista de Calatayud en 1120 por las tropas del rey de Aragón don Alfonso I el Batallador, debió de erigirse, sobre la antigua mezquita mayor (hecho que ha quedado constado en esta última intervención), un templo dedicado a Santa María que fue consagrado en noviembre de 1249 por don Pedro Albalate, arzobispo de Tarragona, con la asistencia de don Arnaldo de Peralta, obispo de Valencia y del obispo de Tarazona don García Frontín.

Según evidencias arqueológicas halladas, se trataba de un templo de tres naves, con tres ábsides semicirculares, todo ello construido en ladrillo, edificio al que se añadiría a partir de 1409 un claustro mudéjar, hoy conservado, que alberga el museo de la colegiata. En estas mismas fechas debió construirse el piso inferior de la actual torre −entre el claustro y el ábside principal−, que sería continuada en el siglo XVI, posiblemente coincidiendo sus obras con las de la nueva portada, magnífica obra labrada en alabastro entre 1525 y 1528 por Juan de Talavera y Esteban de Obray. 

En la primera década del siglo XVII se destruyó la fábrica medieval de la iglesia de Santa María −manteniéndose la primitiva cabecera como capilla mayor, el claustro y la portada− para construir sobre su solar un nuevo templo, clasicista, con tres amplias naves, más ancha y alta la central, cubiertas con bóvedas de arista y casquetes elípticos sobre pechinas, mientras que el crucero se cubrió con cúpula sobre pechinas que al exterior se enmascara por un cimborrio poligonal.

Las obras quedaban concluidas en 1614. A lo largo de los siglos XVII y XVIII se fueron abriendo numerosas capillas en los muros perimetrales del templo gracias al mecenazgo de eclesiásticos y de los más importantes linajes bilbilitanos que ubicaron en ellas su panteón familiar.

En el profundo presbiterio se levanta el impresionante retablo del altar mayor, de estilo romanista, en madera dorada y policromada, en el que se trabajaba en 1611, quedando concluido en 1614, cuando tomó posesión de la diócesis de Tarazona don Martín Terrer quien sufragó parte de las obras, tal como indican sus armas en el basamento del retablo. Su autoría se atribuye al mazonero Jaime Viñola, al escultor Pedro de Jaúregui y al pintor Francisco Floren, todos ellos vecinos de Calatayud.

Hacia 1780, y a expensas del canónigo don José Mateo, fue labrada por el escultor bilbilitano Gabriel Navarro una nueva imagen de la Asunción de la Virgen, de concepción más monumental que el resto del retablo, que se ubicó en el centro del mismo, superpuesta a la hornacina donde se encontraba la primitiva imagen titular, actualmente expuesta en el museo.

En los muros laterales de la capilla mayor se disponían siete reposteros de seda, uno de ellos con las armas de la familia Zapata y los otros con los blasones del reino de Aragón y de la dinastía de los Austrias; el llamado de los Reyes Católicos ha sido recientemente restaurado y otro se encuentra en proceso.

En el suelo de esta capilla mayor yace, bajo sencilla lápida, el fundador de la Universidad de Zaragoza y obispo de Tarazona don Pedro Cerbuna, fallecido en 1597. 

El coro, siguiendo el modelo de las catedrales españolas, ocupa el espacio central de la nave principal y fue construido por iniciativa del cabildo colegial ya avanzado el siglo XVII y como conclusión de la nueva fábrica del templo, llevándose a cabo a lo largo del siglo XVIII, y en distintos momentos, la decoración del exterior del trascoro, en yeso labrado, con hornacinas que albergan imágenes de santos y capillas abiertas en el muro de cerramiento en las que se encuentran distintos retablos dieciochescos, todo ello entre columnas salomónicas de piedra basáltica negra.

En el remate, numerosas imágenes de santos −dos de ellos a caballo, en singular corveta− y de ángeles. De gran belleza es también la reja, en bronce, que cierra el acceso del coro. En el interior destaca la sillería coral sufragada en 1686 por el infanzón de Calatayud don Juan Miguel Pérez de Nueros y Femat, labrada en madera de nogal con rica decoración de temas vegetales y animales. 

En el muro del evangelio, frente al coro, se encuentra el magnífico órgano, con bella caja de madera tallada, barroca, cuya construcción fue encomendada por el cabildo en 1762 al organero Silvestre Thomas, afincado en Zaragoza, siendo restaurado en 1864 y 1974.

En los muros perimetrales del templo se abren distintas capillas. En la esquina noreste, en el cuerpo inferior de la torre, se aloja la dedicada al Santo Cristo, con portada barroca. Fue fundada en 1615 como panteón de la familia Peralta Forcén.

Ya en el lado del evangelio, tras pasar la puerta que comunica el templo con el claustro, en un extremo del crucero, se encuentra la capilla de la Inmaculada Concepción, con portada clasicista, del patronato de la familia Pujadas, con retablo de hacia 1625 e imagen dieciochesca de la titular en un transformado camarín. Las dos pequeñas capillas, de Santa Bárbara y del Cristo, con retablos barrocos, del siglo XVIII, situadas bajo el órgano, se deben al mecenazgo del canónigo de esta colegiata don José Mateo. A continuación, la capilla de la Piedad, con impresionante y movida portada de yeso policromado, de finales del siglo XVII, con las armas de la familia Corella, que también encontramos en el retablo, presidido por una bellísima imagen de la Virgen sosteniendo el cuerpo muerto de su hijo.

En el muro de los pies se abre en primer lugar la capilla de Santa María de la Cabeza que estuvo antes bajo la advocación de San Juan Evangelista. La portada corresponde al primer tercio del siglo XVII, mientras que el retablo, del siglo XVIII, procede del desaparecido convento de San Antón. A su lado se levanta la capilla de San Joaquín, con bella y decoradísima portada en yeso, erigida a expensas del canónigo don Martín Andrés y construida en los años centrales del siglo XVII. En el retablo destaca la pintura con Santa Ana, San Joaquín y la Virgen niña, obra fechada y firmada en 1645 por el pintor madrileño Bartolomé Román. Por último hay que mencionar en este muro la capilla de San José, de la cofradía de su advocación instituida en esta colegiata en 1625 e integrada por albañiles, escultores y carpinteros, además de otros oficios vinculados a la madera. El retablo, dieciochesco, con la escena de la Muerte de San José, es obra atribuida al escultor bilbilitano Félix Malo.

La capilla de San Juan Bautista, del patronato de la familia Sessé, se levanta ya en la nave de la epístola, con barroca portada de yeso de finales del siglo XVII, siendo una de sus impulsoras doña María Ángela de Sessé, quien falleció en 1691. Su retablo barroco con columnas salomónicas contiene dos pinturas vinculadas a la autoría de Claudio Coello y Juan Carreño de Miranda; esta capilla tiene la función de baptisterio, con su correspondiente pila bautismal. La siguiente capilla está dedicada a San Paterno y en ella tuvieron enterramiento los miembros de la familia Zapata. El lienzo del titular, presbítero que predicó el cristianismo en Bílbilis, se atribuye a Bartolomé Vicente. Finaliza este lado de la epístola la capilla de la Virgen Blanca, que fue panteón de la familia García de Vera. Un retablo barroco del segundo cuarto del siglo XVII alberga un retablo anterior, de menor tamaño, del primer tercio del siglo XVI con pinturas sobre tabla y en la hornacina central una imagen de la Virgen Blanca, en piedra policromada y, posiblemente, del segundo cuarto del siglo XIV, que actualmente se encuentra en el Museo de Santa María.

A continuación, en el otro extremo del crucero, se encuentra la cancela de acceso al templo.

En la capilla de la Soledad, en el muro del testero, en la que hay un retablo con un relieve de la Virgen, de esta advocación, se localiza la entrada a la sacristía mayor del templo.

En 1851, y tras los acuerdos del gobierno de la reina Isabel II con la Santa Sede, la colegiata de Santa María de Calatayud perdió la dignidad de iglesia colegial, que recuperó “ad honorem” en 1890, por bula del papa León XIII.

Por Real Orden de 14 de junio de 1884 el templo de Santa María de Calatayud fue declarado Monumento nacional, y de acuerdo a la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985 pasó a denominarse como Bien de Interés Cultural (BIC). El 14 de diciembre de 2001 la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad las partes mudéjares de esta colegiata de Santa María de Calatayud: el ábside, el claustro y la torre. 

Desde agosto de 2010 la colegial ha permanecido cerrada. Una interrupción obligada por diversos daños estructurales que han supuesto casi doce años prescindiendo del templo para el culto y de su disfrute. Finalmente hoy lunes 9 de mayo de 2022, se vuelven a abrir las magníficas puertas renacentistas de Santa María la Mayor de Calatayud, con todo su esplendor recuperado y presumiendo de aquella luz perdida que el arquitecto Fernando Alegre Arbués, director técnico de las obras, se ha empeñado en recuperar.

Desde la Asociación Torre Albarrana animamos a que se acerquen por Calatayud porque, a todo su excepcional patrimonio, desde hoy se ha vuelto a sumar uno de sus elementos más valiosos.

Qué lo disfruten.