Monasterio de Piedra

Monasterio de Piedra

En su margen derecho el río Jalón tiene dos importantes afluentes, el río Mesa que, tras labrar una impresionante hoz entre Calmarza y Jaraba, pasa por Ibdes alimentando el Pantano de la Tranquera, y el río Piedra que vierte también sus aguas en este embalse tras pasar por Aldehuela de Liestos, Cimballa y Nuévalos, en un valle siempre encajado y a veces con espectaculares gargantas.

El agua adquiere protagonismo en el curso del río Piedra, aguas arriba de Nuévalos, en donde un conjunto de cascadas, saltos de agua, lagos, arroyuelos, peñas y cuevas horadadas por las aguas forman el parque del Monasterio de Piedra, de exuberante vegetación y gran belleza.

Las cascadas se dividen en innumerables hilos de agua o chorreras, siendo la de la Cola del Caballo, con más de 50 metros, la de mayor altura e interés. Unos senderos debidamente señalizados conducen por todo el parque en un recorrido de unos 5 km.

Estas cascadas están formadas por la disolución de las calizas y la posterior precipitación de las mismas la cual ocurre al disminuir el caudal, con lo que la caliza disuelta va depositándose en capas sucesivas por las que discurre el agua formando innumerables saltos.

El parque del Monasterio de Piedra nos ofrece una gratificante experiencia en un fascinante recorrido de unas dos horas y media por un vergel insólito en torno al agua y su movimiento en cascadas y grutas, como la magnífica Gruta Iris en las entrañas de la Cola del Caballo, el Lago del Espejo, y multitud de formaciones naturales como la imponente Peña del Diablo.

Además de los atributos naturales que el nacimiento del río Piedra y el discurrir de sus aguas, combinadas con la geografía del terreno, otorgan a este paisaje, desde el punto de vista histórico y artístico hay que tener en cuenta el monasterio propiamente dicho.

Real Monasterio Cisterciense de Santa María de Piedra

(Texto compuesto por contenidos parciales de diversas actas del congreso internacional, recogidas en el libro Monasterio de Piedra, un legado de 800 años. Historia, arte, naturaleza y jardín, coordinado por los profesores Herbert González Zymla y Diego Prieto López, y editado por la Institución Fernando el Católico en 2019).

Alfonso I de Aragón conquista a los musulmanes tierras al sur del valle del Ebro, Alfonso II amplía y consolida estos territorios en la segunda mitad del siglo XII. Fronterizos con Castilla y al-Ándalus, y despoblados en su mayor parte, es voluntad de las sucesivas casas reales apoyar el asentamiento de las fundaciones cistercienses para activar la economía agraria y atraer población. Era norma de la orden construir sus cenobios alejados de los núcleos de población y de las vías de comunicación, con lo que pretendían conseguir el aislamiento de la vida mundana.

Con este propósito, Alfonso II dona en 1186 el castillo de Piedra, Peralejos y Aldehuela de Liestos, a los monjes cistercienses de Poblet para que funden una comunidad religiosa en un lugar indeterminado de este territorio.

En mayo de 1194 parten del monasterio de Poblet, Tarragona, doce monjes encabezados por Gaufrido de Rocaberti, quienes en otoño de 1194 se asientan en Cilleruelos, Teruel, quizás con la intención de integrar religiosos del monasterio de Santa María de Pereales, allí fundan el monasterio de Santa María de Cilleruelos, permaneciendo hasta principios de 1195.

En mayo de 1195 Alfonso II ratifica la donación a los monjes de Poblet del castillo y el señorío de Piedra (unos 30 km2, en los actuales municipios de Nuévalos, Ibdes y Monterde). Los monjes se establecen en la orilla izquierda del río Piedra, construyendo el monasterio de Santa María de Piedra Vieja, sobre las ruinas de un edificio musulmán de finales del siglo XII, en un despoblado protegido por muralla dotada de foso, que fue destruido por el Batallador.

Existía en la orilla derecha del río Piedra, donado por Alfonso I a la familia Malavella en 1120, un castillo y la aldea de los siervos, que contaba con iglesia parroquial dedicada a Santa María de Piedra. La confluencia de dos jurisdicciones sobre el mismo territorio generó un conflicto entre los monjes y el titular del señorío, hasta que en 1200 Juan de Malavella renuncia a los derechos sucesorios sobre el castillo de Piedra, a cambio de que el rey Pedro II le otorgara un señorío en Alacón, Teruel.

Al comienzo del siglo XIII los cistercienses ya son los dueños únicos del coto redondo de Piedra. Empiezan a construir el actual monasterio de Piedra Nueva aprovechando estructuras de la iglesia (donada a los monjes por el obispo de Tarazona) y el castillo de los Malavella para la abadía.

El paisaje kárstico, la abundancia de agua y el bosque caducifolio debieron ser los factores determinantes en la elección del lugar donde se edificó el cenobio, entendiendo esta definitiva ubicación como la más ajustada a los preceptos de la orden.

El 16 de diciembre de 1218, se realiza la ceremonia de traslación de la comunidad desde Piedra Vieja a Piedra Nueva, consagrándose entonces la primitiva iglesia, que se reedificó a partir de 1262, prolongándose las obras hasta 1350. En el lugar en donde estuvo Piedra Vieja los monjes construyen una ermita que llamaron de Santa María de Argalides. Esta iglesia fue sustituida en 1755 por el actual edificio, una sencilla construcción neoclásica, dotada de pequeña capilla con cúpula sobre pechinas, cocina y una sala de planta rectangular donde se celebraba un banquete anual.

A lo largo de los siglos XIII, XIV, XV y XVI, los monjes de Piedra consolidaron un dominio territorial bastante extenso y sólido, conformado tomando como ejes los fértiles valles de los ríos Piedra, Mesa, Jalón y Alfambra, donde fundaron nuevas poblaciones y granjas de hermanos legos conversos. Entre los pueblos, Carenas, Llumes, Ortix y Villanueva de Piedra. Las granjas más importantes fueron: Zaragocilla, Villar del Salz, Cocos, Somet, Cebamanos, Bellestar, Fuente del Buey, San Miguel del Tercio, así como las dedicadas a la explotación de la sal en Monterde y Pardos. Convirtieron tierras agrestes y áridas, mediante una inteligente gestión del agua, la sal, el hierro, el trabajo agrícola y el aprovechamiento de los pastos, en terrenos muy rentables y productivos. Una correcta gestión patrimonial condujo al bienestar y la opulencia. Se fue formando un extenso latifundio del que dependían económicamente la mayor parte de los habitantes del entorno. Convirtió a algunos abades en señores feudales y generó conflictos y relaciones socioeconómicas ocasionalmente tensas, demostrado por los abundantes pleitos documentados.

Desde el punto de vista de la Historia del Arte, el Real Monasterio Cisterciense de Santa María de Piedra es un interesante edificio del siglo XIII, sucesivamente ampliado y reformado a lo largo de los siglos XIV, XV, XVI, XVII y XVIII, predominando los elementos estéticos asociados al gótico y al barroco decorativo.

Como tantos monasterios ubicados en territorios fronterizos, el de Piedra estaba fortificado, algo relativamente habitual en las abadías cistercienses de la Península Ibérica. Se conserva en buen estado la torre puerta del siglo XIII y la mayor parte del recinto amurallado, cuyo perímetro mide algo más de 1.800 metros y está jalonado de torres cubo. La torre puerta del siglo XIII es la parte más monumental. Es un edificio de planta cuadrada con tres plantas de altura, cubiertas todas ellas con bóveda de cañón. La segunda planta está dotada de un balcón litúrgico desde el que se exhibían las reliquias del monasterio los días de fiesta mayor para su veneración por la población, que las aclamaba y les hacía actos de homenaje desde la plaza inmediata a la torre; también se usaba para conjurar tormentas, pestes y toda clase de adversidades que exigían un remedio divino. Sobre el vano de acceso, en forma de arco de medio punto, figuran los escudos de la trísquela, la torre puerta y el Reino de Aragón, labrados en alabastro a comienzos del siglo XVII.

Tras la donación de la iglesia de Santa María de Piedra a los cistercienses, las obras debieron comenzar con la yuxtaposición de un claustro a la iglesia preexistente de la segunda mitad del siglo XII y la unión de las estructuras del castillo Malavella con la iglesia a través del claustro. El claustro se ajusta a planta rectangular y rememora la estructura del Jardín del Paraíso, con una fuente central que distribuía el agua en 4 acequias. La datación de la obra del claustro debe hacerse entre los años 1218, fecha en que la panda claustral oriental, la más necesaria por ser la que acogía la sala capitular, debía estar en proceso de construcción, y 1300, momento en que, probablemente, todo el claustro inferior estaba totalmente edificado.

El claustro distribuye las dependencias de un modo canónico, en torno a un patio de planta levemente rectangular, con una sucesión de bóvedas de crucería apeadas sobre medias columnas con capiteles de crochet o de temática vegetal, que ayudan a transmitir su peso al muro. Contiene veintiséis arquerías apuntadas, sólidos contrafuertes, bancos corridos de piedra y treinta bóvedas de crucería simple que lo dividen en tramos. La severidad actual del claustro nada tiene que ver con la apariencia que en verdad tuvo en la Edad Media, ya que estuvo dotado de tracerías, desmontadas en el siglo XVI para poner ventanas y contraventanas de madera para proteger del frío en el invierno. Una parte de las columnas y capiteles de las tracerías del siglo XIII fueron aprovechados como material de acarreo en la construcción de la fachada de la portería, edificada en la segunda mitad del siglo XVI.

En la panda claustral oriental se emplazaban la sacristía, el armarium biblioteca, la sala capitular, el despacho del prior, la escalera de subida al dormitorio común en la segunda planta y la sala de los monjes con la enfermería y la letrina.

En la panda meridional se situaban el calefactorio, el refectorio y la cocina.

En la panda occidental, aprovechado las dependencias del castillo Malavella, se situaban la cillería, la bodega, el pasillo de conversos, el zaguán con el mandatum y, en la planta superior, el dormitorio de conversos, hoy totalmente perdido.

La panda septentrional era la de la iglesia.

La nueva iglesia, construida entre 1262 y 1350, se ajusta al tipo arquitectónico que la historiografía ha definido como hispano-languedociano: planta de cruz latina, tres naves, crucero desarrollado en planta, y cinco ábsides en la cabecera. Los arcos formeros y fajones son apuntados de perfil achaflanado y doblados.

En la Edad Moderna, durante los siglos XVI, XVII y XVIII, el edificio medieval del Monasterio de Piedra conoció una serie de transformaciones como la construcción de una nueva enfermería, la adicción de una serie de galerías donde fueron construidas algo más de medio centenar de celdas individuales en torno a un segundo claustro, un nuevo palacio abacial y unas nuevas escaleras para relacionar de un modo más razonable y monumental los claustros inferiores con las crujías superiores.

A comienzos del siglo XVII encargaron una galería de retratos con las efigies de sus regios protectores, ejecutada al óleo sobre lienzo por un anónimo pintor bilbilitano, de la que se tienen identificados los retratos de los fundadores: Alfonso II y Sancha de Castilla, actualmente en el Ayuntamiento de Calatayud.

Piedra fue durante sus 640 años de historia (1195-1835) un Real Patronato. A lo largo de este tiempo, se han documentado 112 abades. Los abades mitrados de Piedra ejercían el derecho de horca y cuchillo sobre sus extensos dominios, como manifestación instrumental se construyó, a 200 metros de la torre puerta, una picota de justicia junto a la que se pronunciaban las sentencias públicas y se ejecutaban los castigos corporales contra los delincuentes y reos. La picota actual, obra del siglo XVI, es conocida como Cruz de Gayarre, en memoria al cantante de ópera Julián Gayarre Garjón, que visitó Piedra en varias ocasiones para hacer allí ejercicios de canto.

El Monasterio de Santa María de Piedra, consagrado en 1218 y desamortizado en 1835, pasó a ser una propiedad privada en la década de 1840. A lo largo de los siglos XIX y XX se documentan una serie de modificaciones en el edificio monacal, convertido en residencia privada y hotel, así como en las antiguas huertas, transformadas en un jardín paisajista de remota inspiración británica y japonesa. Se convirtió en uno de los principales destinos turísticos de Aragón desde la década de 1860 hasta la actualidad.

Sufrió tres procesos desamortizativos, el primero durante la Guerra de la Independencia, 1808-1814, el segundo durante el Trienio Liberal, 1820-1823, y el último con Mendizábal en 1835. Ese año se suprime la congregación de monjes Bernardos de Aragón y se expropia y vende el monasterio y todas propiedades cistercienses. Desde el abandono por parte de los monjes hasta la adjudicación por parte del Estado a sus nuevos propietarios, en subasta pública y escriturada por la familia Muntadas en 1844, transcurren 9 años. En ese tiempo se dispersan y venden la mayor parte de los bienes muebles con que contaba la abadía. Una parte importante se reparte entre las iglesias del entorno (Abanto, Munébrega, Ibdes, Calatayud, Embid de Ariza y Ateca); otra parte se encuentra hoy en colecciones privadas o en museos, archivos, bibliotecas e instituciones estatales, autonómicas y municipales.

Los hermanos Pablo y Jaime Muntadas Campeny, industriales textiles catalanes, trasladaron parcialmente su actividad a Zaragoza destacando pronto como hombres de negocios entre la alta sociedad aragonesa. Uno de ellos, el mayor, Jaime, llegó a ser alcalde de Zaragoza a mediados del siglo XIX. Invirtieron parte de sus beneficios económicos en comprar bienes desamortizados, haciéndose con cinco de las seis partes en que se dividió el monasterio para subastarlo, así como con dos de las antiguas granjas dependientes del monasterio, las de Somed y Cocos. La idea inicial parece ser que fue utilizar la fuerza de las caídas naturales del agua del río Piedra para establecer allí una fábrica de producción textil. La abrupta geografía y los problemas de accesibilidad hicieron desestimar la idea. Juan Federico Muntadas Jornet, hijo de Pablo, debió comenzar la transformación de las huertas de los monjes en jardines en la década de 1860, ya en vida de su padre. Este destacado personaje, abogado, escritor, poeta, traductor y piscicultor, tuvo también una activa vida pública como político, llegando a ser Diputado en Cortes por Igualada. De gran espíritu emprendedor, puso especial empeño en transformar el monasterio cisterciense en un centro recreativo concebido desde el primer momento para la llegada y agasajo de toda clase de viajeros, pero en particular para el divertimento de las élites y oligarquías de la sociedad liberal española y extranjera que se relacionaban con los Muntadas por los negocios, intereses políticos y relaciones intelectuales y artísticas. Transformó la abadía medieval y sus campos de cultivo en un hotel vinculado a un jardín de placeres visuales y recreo. Las antiguas celdas individuales de los monjes, construidas en el siglo XVII, se transformaron en habitaciones y como tales se siguen usando en la actualidad, debidamente adaptadas al siglo XXI: la antigua sala capitular se usó como salón de juego; el antiguo refectorio se convirtió en un comedor de gala, al igual que el dormitorio común de los monjes, actual restaurante del Hotel Monasterio de Piedra.El principal problema, la accesibilidad, se relativizó con la llegada del ferrocarril a Alhama de Aragón en 1863. Desde allí se recorrían en coche de caballo los 17 kilómetros que la separaban del monasterio.

En 1869 se descubrió un manantial de agua natural junto al Lago del Espejo al que se llamó desde el primer momento Fuente de la Salud, llegando a competir con Alhama ofreciendo los beneficios de la hidroterapia. Era el paquete turístico de la época, baños en las termas de Alhama, visita al parque y toma de aguas minero medicinales del manantial de la Salud en el propio monasterio. A esto hay que añadir la piscifactoría inaugurada en 1868, situada dentro del parque aprovechando el agua del río Piedra, considerada la más antigua de España de tipo industrial. Desde 1886 fue arrendada por parte del Estado, pasando a ser la Piscifactoría Central de España, desarrollando a partir de ese momento una importante labor en la repoblación de los ríos españoles.

Hacia 1880 el parque estaba conformado con un aspecto bastante semejante al que actualmente tiene. El Monasterio de Piedra siguió siendo uno de los lugares de divertimento de la oligarquía española y de la familia Muntadas hasta el momento en que la explotación de la hospedería y del parque pasó a realizarse a través de una Sociedad Anónima en 1933, bajo la razón social de Monasterio de Piedra, S.A. Ya en la mitad del siglo XX, el inicio del fenómeno del turismo de masas vinculado al desarrollismo de los años 1970-1990 y la idea de parque temático, tenido erróneamente por parque natural, han consolidado el Jardín Histórico del Monasterio de Piedra como uno de los grandes destinos turísticos de Aragón, luchando en la actualidad por mantener viva la esencia con que nació, fiel a los ideales de belleza del paisajismo decimonónico, apostando por la sostenibilidad, el respeto a la naturaleza y la adecuación de las instalaciones de sector terciario a las comodidades contemporáneas.

Catalogado como Paraje Pintoresco Nacional el 28 de diciembre de 1945, y como Monumento Nacional el 16 de febrero de 1983, la Orden de 17 de septiembre de 2009, del Departamento de Educación, Cultura y Deporte, del Gobierno de Aragón, completa la declaración originaria de Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento. También se le concedió la categoría de Jardín Histórico el 27 de enero de 2010.