Casino Bilbilitano, 2 de noviembre de 2024
Inauguración de la Galería de Bilbilitanas Ilustres en el Casino de Calatayud
Siempre que nos es posible dedicamos alguna actividad al reconocimiento de personajes que en Calatayud se han significado por su excelencia o cualidades, aunque en algunos casos ya hayan sido distinguidos por ello dedicándoles una calle, plaza, escultura o placa dentro del callejero bilbilitano. Si damos una vuelta por nuestras calles veremos que el nomenclátor local tiene pocas vías dedicadas a mujeres y entre las pocas seleccionadas no hay ninguna bilbilitana.
Son de reciente nominación las dedicadas a las escritoras Gloria Fuertes y María Moliner, las de las heroínas Manuela Sancho y Casta Álvarez y la de las Musas. Más antiguas, las de las advocaciones marianas, las de las religiosas Madre Puy, Madre Rafols, Santa Ana y Santa Teresa, y las de Salesas y Descalzas como representantes de órdenes religiosas femeninas. Tenemos los barrios de La Rosa y de Margarita de los que desconocemos si se nombran así por la botánica o por alguna popular vecina. Y la curiosidad de un castillo doblemente nominado, el castillo de Don Álvaro o de Doña Martina, aunque ignoramos quien fue esta histórica dama suponemos que hubo de ser alguien importante para dedicarle nada menos que un castillo.
Si nos fijamos en los adornos que embellecen la ciudad no salen mejor paradas las féminas, solo Santa Teresa, patrona de la Comunidad de Calatayud, y la Dolores cuentan con monumento propio.
Hasta en lo referente a las iglesias hay desproporción. Solo ha habido dos dedicadas a santas, la de Santa Cristina y la de Santa Lucía. Santa Inés fue el nombre que eligieron las Clarisas para su monasterio pero Pedro IV lo cambió por San Nicolás.
Incluso dentro de los templos el número de santas a las que veneramos es menor, con la loable excepción de la iglesia de Nuestra Señora del Buen Parto o de San Pascual como se conoce ahora que, seguramente por su primera denominación, alberga en el banco del retablo únicamente representaciones de santas.
En los edificios civiles encontramos el retrato de Doña Sancha, esposa que fue de Alfonso II, adornando la escalera de la casa consistorial y la fotografía de Preciosilla en el hall del teatro Capitol que esta asociación colocó como reconocimiento a los bilbilitanos teatreros ilustres.
Existe en el Salón de Plenos del Ayuntamiento una galería de bilbilitanos ilustres compuesta en la actualidad por quince destacados hombres de nuestra ciudad. Desde su creación algunos han salido, como Joaquín Dicenta y otros propuestos no han llegado a entrar, como Jusepe Leonardo de Chabacier o Marco Valerio Marcial.
Este déficit de mujeres homenajeadas en Calatayud hizo que desde el principio su reconocimiento fuera uno de nuestros propósitos y así en la primera actividad oficial de la Asociación Torre Albarrana, “Un paseo por la Navidad en los retablos bilbilitanos”, en 2012, decidimos presentar a la concurrencia una serie de famosas paisanas que irán apareciendo esta tarde, e hicimos un homenaje a las madres bilbilitanas de forasteros ilustres: entre las que encontramos a Blanca March Almenara, progenitora del humanista Luis Vives; Antonia López de Villanueva, madre del filósofo y creador de los Ensayos, Miguel de Montaigne; Ramona Ibáñez Martínez progenitora del candidato al Nóbel de literatura Vicente Blasco Ibáñez o Carmen Nonay Vela madre de Oliver Heggli Nonay, el primer niño nacido en Washington D.C. el 11 de septiembre de 2001 justo después de los atentados y que la prensa norteamericana destacó como símbolo de esperanza. Incluso tenemos madres de ficción como la del comendador de Ocaña de la famosa obra de Lope de Vega.
En 2015 hicimos un Paseo de Renombre y de nuevo aparecieron en él una decena de bilbilitanas que incluían además de las que a continuación presentaremos, a Ofelia de Aragón, a la escritora Palmira Martínez García y a la hermana Carmen Fernández, que trabajó en el Hospital municipal durante más de cincuenta años. Esta última en representación de tantas otras que han desarrollado sus respectivas profesiones con dedicación e intentando mejorar la ciudad. Son infinidad las que podríamos haber elegido como representantes, por ejemplo, la investigadora Conchita de la Fuente Cobos o, en lo musical, Pilarín Rubio y Chon Bañón.
Pero sin duda el reconocimiento femenino más vistoso fue la inauguración de la efímera Galería de Bilbilitanas Ilustres, en el marco de las jornadas de la Dolores de 2017, que tuvo lugar en el Salón de Plenos de la casa consistorial, allí mostramos sus retratos, algunos evidentemente figurados, junto a los de sus homólogos varones. Por un día compartieron la sala y los honores que merecidamente les corresponden. Después, volvieron en silencio al modesto local de la Asociación Torre Albarrana hasta mejor ocasión. Hasta hoy.
Después de mucho pensar, les hemos encontrado sitio. Nada menos que en un palacio, justo donde merecen estar. Desde este momento, quien visite los salones del Casino Bilbilitano podrá recordarlas a través de estos retratos, gracias a la amabilidad de la Junta del Casino que ha aceptado darles cobijo en la antigua casa del Barón de Warsage, cuyo retrato fue el germen de la creación de la galería de bilbilitanos ilustres.
Y el año no puede ser más oportuno puesto que las Letras españolas están celebrando el año Lejárraga al cumplirse ciento cincuenta años del nacimiento en San Millán de la Cogolla de María de la O Lejárraga García y cincuenta de su defunción en su exilio de Buenos Aires.
Paradigma de como los hombres ocultan el talento de las mujeres, en este caso a veces consentido, otras obligado y por fin, y por causas políticas, escondido. Para escribir adoptó como seudónimo el nombre de su marido Gregorio Martínez Sierra y fue autora de una gran cantidad de obras de teatro entre las que destaca “Canción de Cuna”.
Fue la de María una vida intensa y comprometida, rodeada de genios a los que inspiraba, Falla, Turina, Arniches, Juan Ramón Jiménez, Benavente… A ella se debe el estreno de la primera obra teatral de García Lorca. Colaboró en la creación de varias asociaciones feministas como el famoso Lyceum club o La Cívica. Alcanzó el cargo de diputada en las elecciones de 1933. Y tras la guerra civil, separada de su marido, que cobraba todos los derechos, puesto que todo estaba escrito con su nombre, hubo de exiliarse primero a Francia, después a Méjico y finalmente a Argentina. Teniendo que empezar desde cero para poder ganarse la vida como escritora y traductora.
Hemos de decir que sí si son todas las que están, no están todas que son. Si ampliamos un poco el radio para estudiar la comarca, faltarían artistas de la talla de Ofelia de Aragón y, mientras se ha preparado esta Galería, conocimos a Dolores Gil Pérez que fue una de las primeras fotógrafas profesionales de España y aunque nació en Almonacid de la Sierra, en 1842, su familia era de Calatayud y aquí tuvo su laboratorio durante un tiempo. También en el mundo de la imagen, en este caso de la ilustración científica, hemos tenido noticia de Conchita del Valle, que nació en Calatayud en 1905 y en los años 30 del siglo XX trabajaba como ilustradora en el hospital del Rey en Madrid, donde tomaría contacto con el médico alameño Jorge Francisco Tello que fue alumno y colaborador de Ramón y Cajal y director del Instituto que lleva su nombre, a donde se llevaría a Conchita para que siguiera dibujando células y sinapsis. A ella se debe por ejemplo el primer dibujo con las inervaciones del clítoris.
Afortunadamente parece que se está haciendo mucho por redescrubrir el talento de tantas mujeres que han sido olvidadas a lo largo de la historia. Ese será el motivo de que esta galería esté viva y se pueda ampliar con retratos de otras féminas de valía que la historia nos ha ocultado.
Elegido el sitio y el momento aprovechamos la ocasión para rendir nuestro más sincero y sentido homenaje y, como hace unos años, glosar de forma breve sus méritos y recordar la huella que nos dejaron estas ilustres bilbilitanas.
Lo haremos por orden alfabético empezando por una belleza reconocida en sus inicios precisamente en este casino.
Suceso Aguilar Miñana
Nació en nuestra ciudad en 1917. Con 1,70 metros de estatura, 57 kilos, un 36 de pie, 91 centímetros de cadera y unos vistosos 17 años, hicieron que la asociación local de la prensa la convirtiese en Miss Casino, que en Zaragoza fuera proclamada por unanimidad Miss Aragón 1934 y que en Miss España obtuviera el título de Miss Cuerpo perfecto.
No alcanzó la representación patria por dos décimas en lo que parece fue un sonoro tongo. La ganadora, Eugenia Enríquez representante de las “señoritas de provincias residentes en Madrid”, fue recibida con un clamoroso abucheo.
El periódico “la voz de Aragón” decía de Suceso: “Suceso es una escultura clásica animada por un espíritu. En ella -síntesis de perfecciones y de armonía- no se sabe qué admirar más, si su cabeza, ideal para un artífice, con su frente despejada de Madona renacentista, los ojos verdes insondables de mirar inefable, la nariz correcta o la boca graciosa y expresiva que ríe sin querer, o la piel de seda de un rubio dorado, o el cuello grácil flexible y magníficamente torneado, o la figura esbelta de perfectas proporciones. Si algo más que todo esto hay que admirar en esta muchacha de dieciocho años, es: el ritmo, la gracia, la armonía de su figura, de su expresión y de sus movimientos, nunca afectados, siempre naturales, con ese quid divinum del Arte.”
A Suceso, precoz aficionada al automovilismo, la sustituyó en el título de Miss Calatayud la señorita Consuelo Torcal.
Pascual Marquina y Francisco Miñana, abuelo de nuestra bella, compusieron el pasodoble Miss Aragón 1934. Calatayud para homenajearla le ofreció un festejo taurino en el que lidiaron Lisardo Sicilia y Florentino Ballesteros (hijo). Parece ser que surgió una atracción entre este último y Suceso que no acabó en boda porque el corazón de la bella estaba destinado a un policía malagueño trasladado a nuestra ciudad durante la guerra, Cándido Artacho Delgado.
Falleció en tierras andaluzas en el año 2007.
Las últimas fotos de Suceso hacen válido el refrán “Quien tuvo, retuvo”.
Suceso no cuelga en esta galería únicamente por su belleza. Generosa y voluntaria colaboró en cuantas causas sociales fue requerida. Además, su elección fue un auténtico acontecimiento para la ciudad como se reflejó en la prensa local, regional y nacional.
Violante de Algaraví (retrato figurado)
De familia bien relacionada y con aspiraciones de nobleza: los Sánchez de Algaraví, de la que provenía también el caballero Miguel Sánchez de Algaraví quien fundó en 1412 una cátedra de teología en el claustro de Santa María. Hija de Miguel de Algaraví y Violant de Chález, su padre fallece en 1450 dejando cinco hijos menores.
Ocho años después, una Violante aún muy joven, contrae matrimonio con Andrés López Beltrán, rico mercader darocense, viudo de origen judío, que debió fallecer muy pronto puesto que en 1464 Violante ya era viuda. Esos años de primer matrimonio los pasó la pintora en Daroca.
En segundas nupcias casó con García Pérez de Orera, notario de Calatayud. Tampoco le debió durar mucho, pero en esta ocasión sí que tuvo descendencia, un hijo llamado Johan.
Mujer religiosa, culta, generosa, querida, preocupada por la educación de su hijo y muy preparada para la época en la que vivió, puesto que ella misma se ocupaba de las cuentas de su casa. Hizo testamento a la edad de 33 años por el que se tiene conocimiento de que pintó tapices, cortinas y seguramente tablas, ya que entre los bienes que dejó aparecen una imagen de Jesús, unos cojines pintados y un retablo de la Virgen, y da a entender que tuvo algunas alumnas de pintura.
Fue enterrada en la capilla de Santo Tomás de Aquino en la iglesia de San Pedro Mártir, dejando dinero para la construcción del retablo de dicha capilla y para las obras de la iglesia de Santo Domingo.
Hermanas Catalán de Ocón y Gayolá
Hijas de Manuel Catalán de Ocón y Loreto Gayolá, nacieron ambas en un palacete que la familia tenía en la calle de San Miguel de nuestra ciudad. El padre aportó a este matrimonio dos hijos de otro anterior, Pedro y José María. Pronto se trasladaron a vivir con su familia a Monreal del Campo pasando largas temporadas en el chalé que tenían en Valdecabriel.
Educadas en una familia de buena posición recibieron de su madre, quien había estudiado en Suiza, el amor por la naturaleza. Además de una estimulante educación que les hace, por ejemplo, aparecer en la prensa en 1874 como ganadoras de un concurso de acertijos. Reciben también lecciones en varios idiomas y cierta formación musical. En 1881 el periódico turolense “La Provincia” ya se hacía eco de los catálogos entomológicos y botánicos de las hermanas. Son consideradas las primeras mujeres españolas que ejercieron activamente la Botánica y la Entomología.
En 2006 José María de Jaime publicó el libro “La mujer en la Ciencia a lo largo de la historia. Blanca y Clotilde Catalán de Ocón”.
Blanca Catalán de Ocón y Gayolá
Nació en Calatayud el 22 de agosto de 1860, fue una apasionada botánica y reunió una colección de plantas que fue publicada en varias revistas, recibiendo los halagos del naturalista y canónigo de Albarracín, Bernardo Zapater y del alemán Mauricio Willkom, quien elogiaba a la joven Blanca y la consideraba la primera botánica española.
Tan importantes fueron sus aportaciones que Willkon bautizó una planta en su honor, la Saxífraga blanca, y el botánico Pau le dedicó la Linaria blanca. En la publicación de sus trabajos científicos siempre destacó una excelente prosa que llevaba al lector profano a interesarse por tan científicos temas.
En 1888 casó con el juez Enrique Ruiz del Castillo con quien tuvo dos hijos: Loreto y Carlos.
En 1894 se produjo la última publicación botánica de Blanca en Miscelánea Turolense.
El marido fue trasladado a Cartagena, San Sebastián, Burgos y Vitoria donde, a causa de una enfermedad pulmonar, murió nuestra paisana el 17 de marzo de 1904 a la temprana edad de 43 años; siendo enterrada en el panteón que la familia de su marido tiene en Villalba de Rioja. Enrique lo haría en 1917 en Madrid donde, no hace mucho, han dedicado un jardín, en el barrio de la Estrella a Blanca Catalán de Ocón. Tiene también calles dedicadas en Teruel y Zaragoza; en Salamanca cuenta con un espacio llamado Aula Verde Blanca Catalán de Ocón, y lleva su nombre el premio para jóvenes investigadores en Aragón Investiga.
Claudia Casanova publicó en 2019 la novela “Historia de una flor” basada en la vida de Blanca, y Elisa Garrido Moreno, a quien debemos la cesión de la foto que adornará esta sala, ha publicado recientemente “Blanca Catalán de Ocón. La primera botánica española”.
Justo el día que se corrige este texto tiene lugar la inauguración del curso en la Academia de las Ciencias, que por primera vez en sus 177 años de historia está dirigida por una mujer, la bióloga Ana Crespo, especializada en botánica. Algo vamos ganando.
Clotilde Catalán de Ocón y Gayolá
Nació el 1 de marzo de 1863. Fue una notable escritora y poetisa, género que compartía con su hermana, aunque es principalmente recordada por su afición a los insectos. Notable coleccionista entomológica, destacó sobre todo en el conocimiento de nocturnas y lepidópteros. Parte de su colección fue publicada en 1894 en Miscelánea Turolense.
Incluía ciento cincuenta y cuatro especies y dejaba claro que se hallaba estudiando otra larga serie de insectos para su posterior publicación.
Parece ser que Clotilde se enamoró de su profesor de piano pero la relación no fue bien vista por la familia y para colmo el músico falleció muy pronto lo que sumió a nuestra protagonista en una profunda melancolía.
Escribió: Como buena aragonesa / a un amor he sido fiel / porque así me lo enseñaron / los amantes de Teruel.
La hija del Cabriel, como firmaba sus escritos, se trasladó a Figueras al morir su madre en 1887.
En la prensa, además de por la publicación de sus poemas, aparece con frecuencia haciendo donativos a distintas causas como los hospitales de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona, el de Figueras, o mil pesetas para las obras de la basílica del Pilar.
Desde Cataluña invirtió en la madrileña Ciudad Lineal en la que llegó a tener dedicada una calle. El boletín de la compañía madrileña de urbanización justificaba así la concesión en 1914: “por ser una de las partidarias más ilustradas y entusiastas de nuestra compañía.” Desconocemos el motivo por el que dicha calle cambió de nombre.
Falleció en Barcelona el 12 de mayo de 1946.
Está previsto que se le dedique una calle en la cuarta fase del sevillano barrio de Juan XXIII.
Leonor López de Córdoba y Carrillo (retrato figurado)
Hija del mayordomo de Pedro el Cruel y maestre de las Órdenes de Calatrava y Alcántara, Martín López de Córdoba, nació en Calatayud hacia 1362, en la casa que habitaba Pedro I de Castilla. Su madre, Sancha Carrillo, era sobrina de Alfonso XI. Cuando contaba siete años, su padre concertó su boda con Ruy Gutiérrez de Hinestrosa, también de influyente familia castellana.
Los López de Córdoba cayeron en desgracia con el advenimiento al trono de Enrique II. El padre de Leonor fue ajusticiado en Sevilla y el resto de la familia, desposeída de sus bienes, sufrió cautiverio en las atarazanas de la misma ciudad. Solo Leonor y su marido sobrevivieron a los diez años de cautiverio. Se trasladó entonces a la casa de su tía en Córdoba y su objetivo en la vida fue recuperar el patrimonio y el poder perdidos.
Tras la muerte de Enrique III, consiguió el favor de la regente Catalina de Lancaster, llegando a ser su valida. Su opinión política era fundamental para la reina, esto le permitió conseguir mucho poder y riquezas. La llegada a la corte de Inés de Torres, amiga de Leonor, y su carácter intrigante, hicieron que volviese a caer en desgracia. Catalina la expulsó de la corte en 1412 y marchó enriquecida a Córdoba donde falleció en 1430. Fue enterrada en la capilla de Santo Tomás de Aquino del convento de San Pablo donde se conserva su tumba.
Escribió o dictó sus memorias, lo que la convierte en una de las pocas escritoras de la Edad Media y su obra seguramente sea la primera autobiografía de la que se tienen referencias. Aunque no es una biografía completa, puesto que se interrumpe a finales de siglo, cuando Leonor aun no había llegado a la Corte, no deja de ser una muestra de la apasionante vida de nuestra paisana.
Esta parte de su vida se trata en la interesante novela “La valida” de la que es autora Vicenta Márquez de la Plata. Otros textos como “Razones de una mujer” de Juan Félix Bellido se ocupan de la vida de Leonor.
Marcela (retrato figurado)
Marco Valerio Marcial, nuestro más universal poeta, marchó a Roma a terminar sus estudios hacia el año 64 d.C. Permaneció en Roma treinta y cinco años, contó con la protección de Séneca, se hizo amigo de Plinio el joven, Juvenal y Quintiliano y consiguió la protección de los emperadores Tito y Domiciano y finalmente decidió regresar a su añorada Bilbilis.
Una vez aquí fue su admiradora Marcela quien, además de regalarle una finca cerca del Jalón, le prestó todo su apoyo y le ayudó a sobrellevar los años de la vejez.
En el poema XXXI del libro XII, tras describir con gusto sus posesiones bilbilitanas, dice Marcial: “A mi vuelta después del séptimo lustro, Marcela me ha dado estas casas y estos pequeños reinos.” Y en el poema XXI del mismo libro hace el poeta el siguiente elogio: “¿Quién pensaría que eres, Marcela, munícipe del helado Jalón y que has nacido en mi tierra? ¡Tan poco común, tan delicado es tu paladar! El Palatino diría, con que te oyere incluso una sola vez, que eres suya. Ninguna mujer, ni nacida en el corazón de la Subura ni criada en la colina del Capitolio, puede competir contigo. Y tardará en salir una gloria de nacimiento foráneo a quien más le cuadre ser una nuera romana. Tú haces que se mitigue mi añoranza de la ciudad señora del mundo: tú sola vales para mí una Roma.”
Marcela, como ejemplo de generosidad y como la primera bilbilitana de la que tenemos noticia escrita, bien merecería un busto frente al de Marcial en la plaza del Fuerte, porque si detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, seguro que Marcela lo fue.
Carmen Osés Hidalgo
Nació en Calatayud el 7 de abril de 1887. Su padre, escritor y pedagogo, ejerció el magisterio durante siete años en Calatayud, trasladándose a Barcelona en 1900. Carmen, precoz y sensible artista, ilustró alguno de los libros de su progenitor, se formó en el arte de la pintura con Baixas, Climent y Borrás Abellá y comenzó a exponer de forma colectiva en los años 20 del pasado siglo.
En 1925 entabló una relación sentimental con su verdadero maestro el pintor Enrique Ochoa, ilustrador, entre otras cosas, de las obras de Rubén Darío de quien era amigo personal. En el círculo de amistades de la pareja se encontraban señaladas personalidades como Unamuno, Gabriel Alomar, Sebastián Junyer o el artista aragonés Eleuterio Blasco Ferrer.
En 1931, en las Galerías Layetanas, expuso por primera vez de forma individual, recibiendo buenas críticas. Continuó su actividad como ilustradora realizando, incluso, algún trabajo publicitario. Antes de la Guerra Civil llevó a cabo cinco nuevas muestras individuales. Vinculada a las Baleares, residió en Palma de Mallorca y Pollensa, siendo sus casas auténticos centros artísticos. Continuó exponiendo en distintas ciudades, como Barcelona, Mallorca, Málaga o Buenos Aires.
Junto a Enrique convirtieron su casa de Palma en un museo que fue denominado La Mansión del Arte donde exponían su colección con obras de Goya, Picasso, Veronés, Valdés Leal, Murillo o Van Dyck entre otros.
En 1961 fallecía la artista bilbilitana. Cinco años más tarde, el Estudio de Arte de Radio Barcelona celebró una exposición antológica a modo de homenaje.
Matilde Pinilla Pueyo
Nació en Calatayud en el seno de una acomodada familia. Dotada de una excelente voz sintió la llamada del bel canto y, venciendo la reticencia familiar, marchó a Madrid a estudiar con Tamayo y Simonetti. En diciembre de 1914 la encontramos en el coro del madrileño Círculo de Bellas Artes que se había formado con los alumnos más aventajados del conservatorio de Madrid.
En el 17 aparece como solista en el Teatro Español interpretando la cavatina del Barbero de Sevilla y el aria de la Traviata. Al año siguiente encarnó a Gilda en Rigoletto obteniendo un clamoroso éxito. La prensa dijo de ella que: “puede lucir su voz de timbre precioso, clara, limpia, que emite con facilidad y llegando a realizar agilidades que el auditorio acogió con entusiasta aplauso”.
En 1921, habiendo debutado ya en el teatro Real, estrenaba en el Principal de Zaragoza un programa triple (La Bohème, Rigoletto y La Traviata) en el que estaba en igualdad de condiciones con el divo de la temporada Giacomo Lauri-Volpi. El éxito fue rotundo. Triunfó en el Liceo de Barcelona y emprendió gira por Hispanoamérica.
A mitad de los años veinte, en el barco de vuelta de la exitosa gira americana, la cortejó un atractivo y rico chileno del que quedó prendada y por quien renunció a su carrera. Parece ser que la relación no cuajó, pero aún así Matilde se retiró de los escenarios. Con la salvedad de acompañar al Orfeón Oscense en su debut.
Posteriormente la encontramos en actuaciones radiofónicas como la llevada a cabo en 1955 en Radio Barcelona, en el 57 en Radio Zaragoza y, finalmente, el día de san Blas de 1965 en Radio Juventud de Calatayud donde según contaba el cronista Pedro Montón Puerto, Matilde se hallaba espléndida de voz y destacaba la variedad del concierto, con fragmentos de ópera y música española de categoría como las jotas de Falla. Desde Calatayud partía la soprano a hacer temporada en Barcelona.
En marzo de 1970, a consecuencia de un accidente doméstico fallecía la soprano Matilde Pinilla.
María Ángela Sessé
El último testamento, fechado el 8 de enero de 1691, tuvo siglos de controversias ya que repartía su herencia entre los Jesuitas, el hospital que fundara su marido y la colegiata de Santa María, sobre todo para educación de los canónigos. Los administradores testamentarios, que la sobrevivieron unos siete años, cumplieron a rajatabla las voluntades de la dama, pero al poco de morir éstos se desviaron fondos de la herencia para la ampliación de la torre, con las consiguientes quejas de los herederos.
La pretensión y el sueño de doña Ángela fue que la colegiata de Santa María llegase a ser catedral y así Calatayud se convirtiese en sede episcopal. Seguramente esta fue la causa de que acabase siendo Santa María la receptora de todo el legado.
Se cuenta que tanto luchó por la catedralidad que en Tarazona, donde no estaban dispuestos a ceder parte de la diócesis, hicieron un muñeco con su efigie y, como si del famoso Cipotegato se tratase, lo atomataron.
La Colegiata de sus desvelos, donde también costeó la capilla bautismal, la honró con un retrato como reconocimiento a sus servicios.
Manolita Tejedor Clemente -Preciosilla-
Los problemas económicos de la familia obligaron a su traslado a Madrid, cuando Manolita Pilar, que así se llamaba, tenía cuatro años. Allí comenzaron viviendo en la pensión de artistas que tenía su tía Pascuala Tejedor en la madrileña calle Jardines.
Los residentes animaban a la niña a que se dedicara al espectáculo ya que además de belleza, debía de tener talento porque empezó muy pronto a tomar clases de canto y baile. La muerte del padre y la necesidad económica devenida la empujaron a subir al escenario. Su debut parece ser que se produjo en el teatro Nuevo de Madrid en 1910. El compositor Quinito Valverde le prepara un exitoso repertorio y poco después, y según dicen siendo amantes, la pareja se traslada a París para que la joven aprenda de lo que se hace en Europa y además tenga la oportunidad de realizar algún espectáculo en Francia. A la vuelta debuta en el Romea con repertorio de Valverde y todo el mundo elogia su figura, su arte, su elegante vestuario y sus preciosas joyas que le valdrían el sobrenombre de la reina de los brillantes.
En 1913 protagoniza junto a su hermana la película “Vicio y Virtud” y se embarca en su primera gira americana. En el nuevo continente tendría gran éxito en Cuba, Argentina, Perú y Méjico, de donde traería la canción Cielito Lindo que tan popular se ha hecho en el viejo continente. En Europa tenía éxito destacado en Portugal y Mónaco. Formó una tórrida y duradera pareja artística con la Chelito. Hizo teatro de corte sicalíptico, tocó también la revista musical estrenando, en 1925 “La mansión de los dioses”. Se prodigó por las veladas musicales de Unión Radio. Trabajadora incansable, llegó a ser empresaria de algunos teatros madrileños y, siempre solidaria, participó en infinidad de festivales benéficos.
Se retiró al acabar la guerra y dedicó su vida a la gestión de su extenso patrimonio y a obras de caridad, hasta que falleció el 12 de noviembre de 1952, dejando sin testar más de cinco millones de pesetas de la época.
Mercedes Tejedor Clemente -Musseta-
Nació en Calatayud en 1888 y como hemos dicho se trasladó con sus padres y sus hermanos Manolita, Tomás Carlos y José María a Madrid. Alentada por el éxito de su hermana se dedicó al cuplé. Estudió en las academias de los maestros Larruga y Chaves. Debutó en el Trianon Palace de Madrid en 1912 y compartió escenario con la Argentinita, cuya madre por cierto era de Belmonte de Gracián.
La prensa al día siguiente de su debut contó: “Ha hecho su presentación en escena la hermosísima canzonetista Musseta. La interpretación de los distintos cuplés que nos dio a conocer fue esmeradísima, haciendo en ellos gala de su bonita dicción y buena escuela de canto. Se vio obligada a salir repetidas veces al palco escénico”.
Al año siguiente marchó a Barcelona con Preciosilla y de vuelta a Madrid actuó con su hermana y la Chelito, uniéndose luego Cleopatra para formar unas vistosas actuaciones por parejas.
Para ella escribían cuplés los más prestigiosos autores, Álvaro Retama o Quinito Valverde y, aunque tuvo menos éxito que su hermana, también realizó una extensa gira americana. A su vuelta triunfó en los escenarios de Madrid y Barcelona.
En 1921 actuaba en el Parisiana de Madrid y la crítica fue bastante mala. Desaparecida de las páginas de los periódicos su última noticia artística la encontramos en una sustitución que hace a Preciosilla en las noches del Music Hall Palace en 1923. No le debió de ir mal el espectáculo porque en ese mismo año le robaron en el tranvía de Cuatro Caminos un solitario de un pendiente valorado en 3.500 pesetas, que para la época era un dineral.
Dicen que su aspiración fue el arte de bien casar y parece que lo consiguió, por lo que se retiró pronto de los escenarios. Enviudó y con el dinero que heredó de su hermana, que había fallecido sin testar, le hizo construir una muy digna sepultura en lo más céntrico del cementerio de la Almudena. Al fallecer en 1963 parece ser que legó todos sus bienes y los heredados a instituciones piadosas.
Doña Endrina (retrato figurado)
Acabamos con una ilustre de ficción de fama universal, Doña Endrina de Calatayud.
En la primera mitad del siglo XIV nacía una de las obras cumbre de la literatura española “El Libro de buen amor”. Perteneciente al mester de clerecía, es la biografía ficticia de su autor: Juan Ruiz, el arcipreste de Hita.
Éste, retratado como don Melón de la Huerta, se enamora de Doña Endrina:
“La más noble figura de cuantas yo haber pud´,
viuda rica es mucho y moza de juventud
y bien acostumbrada; es de Calatayud:
de mi era vecina, mi muerte y mi salud”.
Más adelante, cuando por fin se decide a hablarle, nos la describe así don Melón:
“¡Ay Dios, y cuán hermosa viene doña Endrina por la plaza!
¡Qué talle, qué donaire, qué alto cuello de garza!
¡Qué cabellos, qué boquilla, qué color, qué buen andanza!”
Finalmente, el protagonista recurre a la mediación de la vieja Trotaconventos para conseguir el amor de dona Endrina. No seguiremos contando para no destripar el final de esta maravilla cuya lectura recomendamos.
En 1960, para celebrar el sexto centenario del arcipreste de Hita, Manuel Criado del Val hizo una adaptación teatral del libro que llevó el título de Doña Endrina.
Con este retrato figurado de Doña Endrina queremos dejar constancia de otras muchas bilbilitanas que han destacado en el mundo de la literatura, concretamente en la poesía. Se nombra en justas poéticas del siglo XVI a Bernarda de Liñán, hermana de Pedro Liñán de Riaza, de linajuda familia calatayubí.
En 1615, para celebrar la beatificación de Santa Teresa, se organizaron otras justas poéticas en Zaragoza y aparecía como destacada la clarisa Sor Ana Ramírez Ateza. A Laurencia Felices de Cáceres, hermana del escritor Juan Bautista, le publicaron en 1623 unas hermosas canciones. Y en 1619 se juntaron en Zaragoza diecinueve poetisas entre las que encontramos a Doña María de Sesé, seguramente familia de nuestra ilustre retratada.
Pero esta galería no estaría rematada sin la más universal de las bilbilitanas.
De ningún modo queremos que ocurra como en la de los ilustres del Salón de Plenos de nuestro Ayuntamiento, donde echamos de menos el retrato de Marcial, siendo el que más fama ha dado a Calatayud.
La Dolores (retrato figurado)
Por supuesto, nos estamos refiriendo a un personaje cuya vida y milagros son sobradamente conocidos con las adaptaciones de una parte de su vida en novela, teatro, ópera y cine, donde la interpretaron estrellas de la talla de Concha Piquer e Imperio Argentina y, finalmente, gracias a la canción “Si vas a Calatayud” de Valverde y Zarzoso, podemos decir que se convirtió en mito universal.
El retrato figurado de La Dolores, que debemos agradecer a Carlos de la Fuente y La Sobresaliente, va a ser el que presida la sala y este ramillete de personajes que contribuyeron, cada una en su campo, a dar fama y lustre a Calatayud. Que el ejemplo de tan destacadas paisanas anime a los bilbilitanos de hoy a engrandecer o por lo menos a querer y estar orgullosos de tan noble ciudad.
De la misma forma, este acto no estaría completo si no lo dedicáramos a otra mujer. Y nos van a permitir que lo hagamos a nuestra querida y añorada compañera Rosa Calmarza Martínez. Activista cultural, comprometida con Calatayud, germen de esta asociación y, sobre todo, queridísima compañera.
Va por ti Rosa. Esperamos que desde donde nos hayas visto esta tarde, estés tan orgullosa de nosotros como lo estaremos siempre de haberte tenido en nuestras vidas.
