El alhameño Pablo Luna vuelve a triunfar en el Teatro de la Zarzuela
En esta extraña temporada de la pandemia el Teatro de la Zarzuela ha puesto en escena dos obras del maestro Pablo Luna y ambas han cosechado un gran éxito en sus reposiciones en el coliseo madrileño. Hemos pospuesto esta crónica a la celebración de la segunda para valorar las impresiones del público y, ciertamente, han sido las propias de una noche de éxito.
Los días 12 y 14 de marzo se llevó a escena en versión concierto Las Calatravas, comedía lírica en tres actos con libreto de Federico Romero y José Tellaeche que se había estrenado el 12 de septiembre de 1941 en el Teatro Alcázar de Madrid, siendo ésta la última obra del maestro Luna.
Para esta reposición se respetó la partitura y Paco Gámez hizo una adaptación del texto narrado por Emma Suarez. La dirección musical corrió a cargo de Guillermo García Calvo, siendo los intérpretes Miren Urbieta-Vega, Lola Casariego, Lucía Tavira, Javier Franco, Emmanuel Faraldo y Hourari R. López Aldana, además de la Orquesta de la Comunidad de Madrid -titular del Teatro de la Zarzuela- y el coro de dicho teatro dirigido por Antonio Fauró.
El 14 de abril, con programa hasta el 25, se puso en escena Benamor, que forma parte de la trilogía oriental del maestro -completándose ésta con El asombro de Damasco (1916) y El niño judío (1918)- aunque no fueron las únicas obras de corte oriental compuestas por Luna. El libreto de la opereta Benamor es de Antonio Paso y Guillermo González del Toro y se estrenó en el citado teatro el 12 de mayo de 1923. La adaptación del texto ha corrido a cargo de Enrique Viana, a la sazón director de escena, que interviene con triple papel en la obra. La dirección musical corresponde a José Miguel Pérez-Sierra y la coreografía a Nuria Castejón. Actuaron Vanesa Goikoetxea, Miren Urbieta-Vega, Carol García, Cristina Palazón, Amelia Font, Damián del Castillo, César San Martín, Gerardo Bullón, Gerardo López, Francisco J. Sánchez, Emilio Sánchez y Esther Ruiz. También en esta ocasión con la Orquesta de la Comunidad de Madrid y el coro del teatro dirigido por Antonio Fauró.
Hemos considerado oportuno aprovechar la circunstancia de estas reposiciones del maestro de Alhama de Aragón, para hacernos eco del éxito obtenido y para presentar en esta web una semblanza biográfica más amplia del músico, que ya aparece en síntesis en varias secciones, al igual que su poema sinfónico Una noche en Calatayud que ha sido en más de una ocasión la banda sonora de nuestras aportaciones a la programación de Ilumina Calatayud.
Los datos que se presentan a continuación se han obtenido mayoritariamente del tomo segundo de Historia de las Zarzuelas, publicado en 1996 y coordinado por María Luz González Peña.
Pablo Luna Carné nació en Alhama de Aragón el 21 de mayo de 1879, fue el sexto hijo de Pablo Luna Ferrer, teniente de la Guardia Civil, que había llegado destinado a la localidad de los balnearios. Desde pequeño sintió afición por la música y el organista del pueblo le enseñó solfeo, aconsejando a los padres que lo llevasen a Zaragoza para ampliar su formación. El padre pidió traslado y al llegar a la capital Pablo comenzó a tomar clases de violín con Teodoro Ballo. Con catorce años ya actuaba como violinista en el Teatro Pignatelli. Su brillantez le hizo merecedor de una beca de la Diputación Provincial para cursar estudios de composición y armonía con Miguel Arnaudas. A los diecinueve fue director de orquesta en teatros de Zaragoza, Oviedo y Bilbao.
En 1903 dio comienzo a los estrenos de sus composiciones líricas, siendo la primera de ellas Lolilla la Petenera, con libreto de Rogelio Maestro.
En esta etapa zaragozana conoció a la cantante Lola Monti con la que se casaría tiempo después.
Actuando de concertino en el Teatro Circo de Zaragoza tuvo que sustituir, por una indisposición, al director de Don Lucas del Cigarral de Amadeo Vives, que iba a representar la famosa compañía de Simonetti, con quien también actuó la bilbilitana Matilde Pinilla.
Fue tal el éxito alcanzado en aquella ocasión que rápidamente le empezaron a llover ofertas para dirigir en los teatros madrileños. Rechazó la del Teatro Eslava y aceptó en 1905 la del Teatro de la Zarzuela, contando con el apoyo del maestro Chapí.
Sus primeras composiciones en la capital las firmó con el seudónimo García de Sandoval, porque le daba pudor poner música a aquellos libretos casi sicalípticos de principios de siglo. Su primer éxito en Madrid llegó en 1908 con la obra Musetta, libreto de Luis Pascual Frutos y protagonizada por su esposa Lola Monti.
El incendio del Teatro de la Zarzuela, cuando se estaba representando su obra El club de las solteras, el 7 de noviembre de 1909, supuso el cese de Luna como director de orquesta estable del citado teatro.
Al año siguiente se estrenó en el Teatro Cervantes de Sevilla una de sus obras más recordadas, Molinos de viento, de nuevo con libreto de Luis Pascual Frutos. Curiosamente, ninguna empresa de Madrid confió en esta obra por lo que hubo de estrenarse en la capital hispalense, pero fue tan resonado el éxito alcanzado que rápidamente Vicente Lleó, afamado músico y empresario del Teatro Eslava, la puso en escena repitiendo el triunfo sevillano. En esta década de los años 10 estrenó treinta y dos obras, entre otras: Los cadetes de la reina, El niño judío y El asombro de Damasco.
En 1911 hizo los arreglos para Sangre y arena, basada en la celebrada novela de Vicente Blasco Ibáñez -de madre nacida en Calatayud- en colaboración con el bilbilitano Pascual Marquina, que adaptó en muchas ocasiones las obras de Luna para banda, y libro de J. Jover y Emilio González del Castillo que tanto trabajó con, el también bilbilitano, José Muñoz Román. En 1914 don Pablo se convirtió en director de orquesta y empresario del recién restaurado Teatro de la Zarzuela, dejando la empresa dos años más tarde.
En 1923 llegó otro sonado éxito con la mencionada Benamor, estrenada por la popular cantante mejicana Esperanza Iris. En septiembre de 1924 compuso la jota Una noche en Calatayud, que interpretó la gran Lucrecia Arana acompañada por la Banda de Ingenieros, dirigida por el maestro Marquina, en su estreno en el Teatro Coliseo de nuestra ciudad, dentro de los actos celebrados en el Homenaje a la mujer bilbilitana. A petición de un grupo de periodistas, Luna decidió completar esta obra a la que añadió una suite-fantasía y una serenata, que se presentaría en Zaragoza el 19 de octubre de 1925.
En el 28 estrenó obras de tanta importancia como La chula de Pontevedra, con libro de Paradas y Jiménez o La pícara molinera con Álamo y Asenjo, siendo esta última la que más tiempo le llevó componer, tres meses.
En la década de los 30 bajó el ritmo de trabajo aunque, además de las composiciones líricas, incorporó música para cine.
En 1941 estrenó Las Calatravas, como ya se ha indicado su última obra, dejando incompleta Pilar de la victoria, que acabó el músico Julio Gómez.
Como consecuencia de un ataque de uremia, falleció en Madrid el 28 de enero de 1942 -tras haber dirigido Las Calatravas en el Tívoli de Barcelona y haber hecho una parada en Zaragoza- el prolífico autor de cerca de un centenar de obras entre revistas, operetas y zarzuelas. Su entierro fue una muestra de duelo y homenaje “del todo Madrid”, presidido por el ministro de Educación, pasando el cortejo por la sede de la Sociedad de Autores y los teatros Alcázar y de la Zarzuela, donde la orquesta del primero y la banda Municipal de Madrid en el segundo, hicieron sonar la música de Pablo Luna, que el maestro Vives había definido como Música rubia. En su lápida en el cementerio de la Almudena destaca la imagen de la Virgen del Pilar, ya que siempre sintió el orgullo de ser aragonés.






