Calmarza

Calmarza

(Texto parcialmente reproducido de la obra Cultura popular de la Comunidad de Calatayud, escrita por José Ángel Urzay Barrios, y publicada en Calatayud por el Centro de Estudios Bilbilitanos y la Comarca Comunidad de Calatayud, en 2006.)

Calmarza ha estado históricamente aislado de sus pueblos vecinos, con quienes sólo estaba unido por malos caminos y sendas de herradura. Hasta el año 1939 no se construyó la carretera del Villar, que comunica el pueblo con Cetina. La carretera de Jaraba llegó mucho más tarde, en torno al año 1960, y la de Algar de Mesa, recientemente. Antes se podía ir andando por el río desde Jaraba hasta cerca del túnel actual, desde donde subía por la margen derecha, ya por el monte, una senda de mulas. Otro viejo camino de Calmarza a Jaraba iba por la margen izquierda, alejado del río, partiendo desde el Villar, que pasaba junto a la Fuente del Espino. En la década de los noventa del siglo pasado llegaron los teléfonos a las casas particulares.

El caserío de Calmarza se levanta sobre un espolón rocoso en medio de un paisaje espectacular que ha labrado el río Mesa durante milenios, escenario del majestuoso vuelo de los buitres. Las nogueras eran abundantes en sus barrancos y en el cauce del río, en el que además crecen grandes chopos cabeceros.

La iglesia de la Asunción presenta una nave con cabecera plana. A su lado hay una capilla adosada a la iglesia, conocida como la ermita de Las Flores. Conserva una gran torre, la Torre del Señorío, que actualmente es una vivienda particular. Es rectangular, de mampostería reforzada en sus aristas por piedras de sillería. Fue residencia de los Heredia, señores de Sisamón, y más tarde de los Palafox. El ayuntamiento, restaurado hace pocos años, levanta su estructura sobre dos grandes arcos, sirviendo su planta baja como calle que conecta la parte alta y baja de la población.

Todavía existe debajo del castillo la llamada Cueva de Las Brujas, donde los niños se metían con suelas de las zapatillas encendidas para ver en la oscuridad.

El peirón de la Virgen de Jaraba se yergue en lo alto de una tapia del interior de la población. Está levantado con piedra de sillería, con el edículo separado del tronco por dos cornisas.

El peirón de la Virgen del Carmen es también de piedra de sillería y su parte inferior se mimetiza con una pared de piedra. Muy cerca está el abrevadero, algunos pequeños huertos y la antigua central hidroeléctrica, La Teledinámica del Mesa. La cascada pone otra pincelada de belleza al paisaje. Hubo además molino harinero, batán y fábrica de papel de barba. Había dos palomares en los alrededores, pero los derribaron.

En El Villar, conocido también como los Pajares de Calmarza, están las eras y los pajares del pueblo, en un altozano que permite las labores de trillar y aventar, cerca de los campos de cereal. Cuando llegaba el verano, familias enteras subían a trabajar a las eras, llevándose consigo también los animales domésticos. Allí hacían la vida esos días, comían y pernoctaban. Ocupan las eras y edificaciones una extensión de terreno considerable, que merece la pena recorrer. La ermita de la Virgen del Villar, construida a instancias de Vicente Alda, preside el conjunto de eras y pajares. El peirón del Villar, que destaca sobre los campos rojizos, está situado en el camino que va hacia Sisamón. Es un interesante pilar de piedra de sillería, que no contiene ninguna imagen en su estilizado edículo. Enfrente del peirón había una calera.

En la carretera de Algar de Mesa se encuentra el enclave de Los Villarejos, donde trillaban y aventaban las mieses del regadío. En su extremo varias tumbas excavadas en la roca de toba, posiblemente medievales, nos hablan de un antiguo poblamiento. En la solana se conservan varios abejares adosados a la roca. También hay una paridera con una pared ciclópea de toba, levantada por una familia de Calmarza, acostumbrada a labrar con maestría este tipo de roca. En Los Villarejos hubo también un tejar. Nos cuentan que en cierta ocasión, cuando el tejero tenía dispuestas las tejas para secarlas, se avecinó una tormenta y antes de que el agua destruyese su trabajo, decidió el mismo romperlas. No cayó ni una gota de agua.

Entre el espectacular barranco de La Tejera, que conserva restos de caleras, y el estrecho barranco del Hocino, un muro muy largo, de unos doscientos metros, cierra todo el espacio comprendido en el Cerro de la Pared, que de esta forma resulta inexpugnable. Es un muro construido aprovechando la piedra caliza del terreno, que en algunos tramos tiene una anchura de tres metros.

El hijo ilustre del pueblo se llama Vicente Alda (1839-1901). De origen muy humilde, estudió en las escuelas de Calmarza, en la preceptoría de Ibdes y en el Seminario de Tarazona. Fue Obispo de Huesca y Arzobispo de Zaragoza. En la sacristía del pueblo se guarda un retrato del prelado.

Calmarza ha sufrido más que otras localidades los efectos de la emigración en sus costumbres. Su aislamiento secular no pudo evitar la pérdida de casi todas las tradiciones y su forma de vida. Apenas quedan vagos recuerdos de sus historias de brujas y mujeres con poderes mágicos, de los hombres que se especializaban en la construcción de caleras, del traslado estival al Villar, así como de la dura vida de sus pastores en el áspero terreno calizo de sus montes.