Bubierca

Bubierca

(Texto parcialmente reproducido de la obra Cultura popular de la Comunidad de Calatayud, escrita por José Ángel Urzay Barrios, y publicada en Calatayud por el Centro de Estudios Bilbilitanos y la Comarca Comunidad de Calatayud, en 2006.)

El grueso del casco urbano de Bubierca se recuesta en las laderas de un montículo, junto a la vieja carretera nacional, al abrigo de los vientos. En lo alto se levanta la ermita de la Virgen de la Esperanza, que está siendo restaurada. Destacaba entre todas las edificaciones la Casa de los Frailes, ya hundida. Si damos la vuelta al redondo cerro observaremos tres partes claramente diferenciadas: el caserío, con algunas casas que presentan un aspecto ruinoso, las eras con sus pajares y las bodegas.

El conjunto de las bodegas de Bubierca es excepcional, aunque actualmente las ruinas son la nota dominante en todo el costado de la ladera. Las amplias casetas cubren el pisadero de las uvas, el trujal y la profunda bodega excavada en la tierra. Sorprenden por su solidez y calidad constructiva algunos lagares redondos de piedra de sillería.

Debajo de las bodegas está la fuente vieja, muy honda, a la que se accede por debajo de unas escaleras, muy similar a otras de la comarca del siglo XVI, construida con piedras de sillería, formada por un arco de medio punto que cobija los caños.

Al otro lado de la carretera, la vieja iglesia de San Miguel Arcángel, de estilo mudéjar, fue derribada en 1964. En su lugar fue construida una iglesia moderna de escaso interés artístico.

La ermita de San Gregorio, en ruinas, se levanta en la cima del cerro que lleva su nombre, al otro lado de la autovía. En el camino se pasa por la Fuente de la Pileta, con su pilón y un lavadero, que fue cubierto en el año 1954.

Como otras localidades, en Bubierca hay dos cementerios, a los que se llega partiendo del camino que va hacia la ermita de San Gregorio. Ambos camposantos están en una zona de parideras. Merece la pena llegar hasta el cementerio viejo para contemplar la magnífica vista del pueblo, la vega del Jalón y el cerro Santiago al fondo. En su interior vemos con respeto las viejas tumbas en la tierra cubiertas por lirios, como sucede en otros cementerios abandonados de la comarca. Al lado aún se mantiene en pie la magnífica cruz del Calvario, de piedra de sillería, con una inscripción semiborrada que indica quienes mandaron levantarla.

Todavía está el edificio del molino harinero en la margen derecha del Jalón, al que se accede a través de un sencillo y bello puente de hierro, sobre el río, conocido como el puente del molino.

La ermita de Santa Quiteria está enclavada en un paraje excepcional, en Valdelloso, al pie de la Sierra de Enmedio, que sirve de separación entre el río Monegrillo y Valderrebolloso, donde quedan restos de hornillos de yeso y caleras, hoya que termina en la Fuente Amarga. Junto a la ermita surge un manantial que abastece de agua a unas balsas. Tiempo atrás vivía allí gente que cuidaba unos huertos, ahora abandonados. Detrás de la ermita crece un viejo almez, conocido como pijurrillo o latonero, con el tronco hueco, árbol protegido y venerable, que ha sido declarado árbol singular de Aragón. Al otro lado del Monegrillo, enfrente de Santa Quiteria, está el poblado celtíbero de La Muela Redonda, descubierto por Jesús Blasco. En uno de los flancos del poblado se mantiene casi íntegra una paridera apretada a la roca, que guarda en su interior la Fuente de la Gota.

La subida hasta la cima del cerro de Santiago, una pequeña meseta calcárea en la que abunda el té de roca, es penosa, a través de una senda casi perdida que recorre un terreno pizarroso, pero queda compensada por la espectacular panorámica que ofrece. Aún se conservan restos de un edificio, probablemente la ermita de Santiago, que daría nombre al cerro. Desde la autovía, el viajero verá el mástil de la bandera que la gente joven ha colocado.