Vicente de la Fuente

Vicente de la Fuente
Homenaje al ilustre bilbilitano Vicente de la Fuente


Hace doscientos años, el 29 de enero de 1817, nació en Calatayud el ilustre personaje histórico que sin duda reconocemos todos los bilbilitanos: Vicente de la Fuente y Condón. Eminente historiador y jurisconsulto decimonónico, fue el segundo de siete hermanos fruto del matrimonio entre José de la Fuente y Felícitas Condón, descendientes de una familia procedente de Cuenca que se había instalado en Calatayud mediado el siglo XVIII, desarrollando desde entonces en la ciudad actividades comerciales.
Destacó ya en sus primeros estudios en las escuelas Pías de Daroca y Zaragoza. Cumplidos los once años ingresó en el seminario conciliar de Tudela, donde permaneció hasta los catorce, recibiendo la primera tonsura (órdenes menores, aunque nunca profesó) en 1829. Ya en la universidad de Zaragoza se graduó como bachiller en Filosofía en 1831. Se instaló becado en el colegio de Málaga, en la universidad de Alcalá, logrando el bachiller en Teología en 1834, la licenciatura en 1837 y el doctorado en 1841. Tenía 24 años. Trasladada la complutense a Madrid, además de estudiar árabe y hebreo a partir de 1844 obtuvo la licenciatura en leyes, ingresando en el colegio de abogados de Madrid y doctorándose en 1846.
Su carrera docente había comenzado ya en el colegio de Málaga alcalaíno, del que fue rector entre 1838 y 1842, comenzando también en esa época a escribir artículos periodísticos. Autor prolífico, con más de 80 libros en su haber, superó las 200 publicaciones en diversos ámbitos de investigación que abarcan desde la historia de la Iglesia, a la historia de Aragón, pasando por los problemas del Derecho, algún libreto de zarzuela e incluso obras cómicas.
Entre 1845 y 1850 dedicó una parte importante de su tiempo y de su vida a la propagación de la obra de las Conferencias de San Vicente de Paúl en España, cuyo objetivo era socorrer a los más necesitados, tanto en lo material como en lo espiritual.
Desde 1852 ejerció como catedrático de Derecho Canónico en la universidad de Salamanca, volviendo a Madrid en 1858 para hacerse cargo de la cátedra de Historia Eclesiástica, función que desempeñaría hasta su muerte. En 1861 ingresó en la Real Academia de Historia y se casó, a los 44 años, con la pamplonesa Eusebia Marugán, de la que enviudaría sin descendencia. Tras la Restauración borbónica en 1875 fue nombrado rector de la universidad Central de Madrid, cargo al que renunció dos años más tarde como protesta por la no readmisión de dos catedráticos que habían sido expedientados por motivos políticos. Ese mismo año de 1875 fue nombrado también miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Ejerció como Decano, interino primero y titular después, de la facultad de Derecho de la complutense entre 1882 y 1885.
Cercano al carlismo en sus años jóvenes, con una formación muy tradicional, pero no doctrinaria, defendió una ideología profundamente católica y conservadora, rechazaba todo tipo de supersticiones religiosas que consideraba dañinas para la fe, distinguiéndose por una enorme capacidad de trabajo y destacada honradez profesional en un tiempo de extremismos ideológicos.


Sería prolija la enumeración exhaustiva de sus publicaciones, pero es necesario citar al menos las más cercanas y destacadas. Como curiosidad dejar constancia de que no debía ver muy adecuado su segundo apellido y lo cambió por el segundo materno, con el que firmó todas sus publicaciones: Vicente de la Fuente y Bueno. Muestra de su carácter es la siguiente referencia leída en una de sus biografías: “no trasnochaba jamás, y no se sabe de nadie que le viera en ningún teatro”. Probablemente su obra magna es la Historia Eclesiástica de España, que vio la luz entre 1855 y 1859, primero en cuatro volúmenes, siendo corregida y aumentada a seis volúmenes entre 1873 y 1875. Destacan también el discurso de ingreso en la Real Academia de Historia en 1861, titulado la “Historia militar, política y económica de las tres comunidades de Calatayud, Teruel y Daroca”; la “Historia de las universidades, colegios y demás establecimientos de enseñanza en España”, con cuatro tomos, entre 1884 y 1889; la “Historia de las sociedades secretas antiguas y modernas en España, especialmente de la Franc-Masonería”, de 1874; y sobre todas, la que más importancia tiene para los bilbilitanos, la “Historia de la siempre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud”, publicando el primer tomo en 1880 y el segundo, un año después.

Se escribió por encargo del ayuntamiento de Calatayud, iniciándose en 1878 una suscripción popular con el objetivo de recaudar los fondos necesarios para financiar la publicación de la solicitada historia. Fue un arduo trabajo de investigación, con un importante acopio de datos y fuentes, con enormes y novedosas aportaciones, quizás escrita con precipitación. Es un texto más erudito que divulgador y ha sido la base para todo lo que se ha realizado después, aunque la falta de una reflexión profunda y una poco afortunada redacción hacen la obra poco didáctica, concluyendo incluso erróneamente algunas cuestiones. Obra ingente, sin duda merecedora del mayor de los respetos. Fue reeditada en un solo volumen por la Caja de Ahorros de la Inmaculada en 1969. El Centro de Estudios Bilbilitanos publicó una edición facsímil, en dos tomos, en el año 1988, volviéndose a reimprimir en 1994.
Fue un destacado personaje en el ámbito universitario, escritor e investigador notable, sin apenas perfil político, pero usó todas sus influencias para que, en 1884, se lograse la declaración de monumento nacional, el primero en Aragón, para la en ese momento antigua colegiata de Santa María la Mayor de Calatayud, ciudad que le considera desde hace ya más de un siglo uno de sus hijos más ilustres.
Vivió 72 años y falleció en Madrid el día de Navidad de 1889, siendo enterrado en la sacramental de San Justo. Sus restos se trajeron solemnemente a Calatayud el 27 de octubre de 1922, donde recibió honrosa sepultura en la capilla de la Virgen de Mediavilla de la colegiata de Santa María la Mayor. Se le rindió homenaje presidido por el cardenal Juan Soldevilla, oficiando las honras fúnebres el canónigo zaragozano Santiago Guallart; a continuación, en el Teatro Principal, el académico de la Historia, Eduardo Ibarra, leyó una necrología.

A lo largo del año 2017 fueron varios los reconocimientos con los que los bilbilitanos quisieron distinguirlo en el bicentenario de su nacimiento. El día 24 de septiembre, coincidiendo con las jornadas La Dolores. Un viaje en el tiempo, la Asociación Torre Albarrana, realizó un homenaje en el claustro de la colegiata de Santa María, donde descansan sus restos, como recuerdo y agradecimiento a un hombre de una valía excepcional.

Fue un sencillo e íntimo acto,  con representación del ayuntamiento, al que asistieron algunos de sus familiares y con el acompañamiento musical de la clarinetista bilbilitana Laura Blasco Jiménez, en la sala capitular vieja, donde se descubrió una placa conmemorativa del bicentenario, obsequio de la Asociación Torre Albarrana, que desarrolló una breve semblanza titulada Nec me tacebit, Bilbilis y que transcribimos a continuación.

NEC ME TACEBIT, BILBILIS 

Si el cariño a mi país natal me obligó a emprender este trabajo histórico, la gratitud me obliga a no callar lo que aquí se dice. Tenga yo por único premio la de mis compatriotas, y pueda decir con nuestro célebre paisano: 

Nec me tacebit, Bilbilis.




Y no me olvidarás, Bílbilis…




Con este conmovedor párrafo y esta expresión de Marco Valerio Marcial cerraba nuestro paisano Vicente de la Fuente una breve introducción a la HISTORIA DE CALATAYUD.

Poco se imaginaba el ilustre bilbilitano que nunca sería olvidado por su ciudad natal, ni que llegase a ser recordado por una talla intelectual semejante a la del admirado Marcial, pero bien es sabido que, casi siempre, el cariño es correspondido y, aunque permaneció mucho tiempo fuera de su casa, don Vicente la siguió recordando y queriendo con auténtica pasión y afecto.

Escritor, catedrático, historiador, académico y jurisconsulto notable. Uno de los personajes más sobresalientes de la cultura española de todos los tiempos.

Pero no hemos preparado este acto para exponer una síntesis biográfica de una destacada figura de la cultura del siglo XIX, ni para hacer un catálogo de sus obras que, sin lugar a dudas, fue amplio y excelente, queremos referirnos a su lado más íntimo, acercarnos a lo que serían sus sentimientos cuando recordaba sus raíces, al amor por su patria chica que dejó a muy temprana edad…

De qué manera siempre que podía se refería a ella:

Alejado casi de continuo del país que me vio nacer, y completamente de la política, casi único medio hoy día de favorecer a los pueblos de España, no por eso he dejado de abrigar siempre en mi corazón vivos deseos de ser útil en cuanto pudiera al honrado y laborioso pueblo biliblitano, de que procedo, y con lo que me honro.

Seguramente entre sus últimos pensamientos recordó la tierra natal y a Nuestra Señora de Mediavilla, a la que tanta devoción procesaba… Pero dejó este mundo en Madrid, un 25 de diciembre de 1889 y allí fue enterrado, en el cementerio de la Sacramental de San Justo, donde permaneció durante treinta y tres años hasta que sus restos, no con pocas dificultades, fueron trasladados a la cuna que le vio nacer.

El 27 de octubre de 1922 llegaron a la estación y fueron recibidos, con todos los honores, por las autoridades civiles y eclesiásticas en la plaza del Fuerte bilbilitana que tantas y tantas veces habría pisado. La población acompañó al cortejo a la colegiata de Santa María, donde se celebró una solemnísima misa de réquiem. Por la tarde, en el teatro Capitol, tuvo lugar una velada conmemorativa con asistencia del Cardenal Soldevilla, el Obispo de Tarazona, el Rector de la Universidad y del Gobernador Civil de la provincia, entre otros.



Siempre sintió gran devoción por Nuestra Señora de Mediavilla, titular del anterior templo y que dio nombre antiguamente a la colegiata. Por aquellos años la Virgen de Mediavilla se encontraba en una pequeña capilla en el claustro de Santa María, y allí fue enterrado en sepultura especial y descansó modestamente nuestro ilustre historiador a los pies de la venerada imagen medieval.

En el capítulo dedicado a las colegiatas bilbilitanas en la Historia de Calatayud se refiere de este modo a la capilla:

De la de Santa María ha quedado un pequeño vestigio, pero muy lindo, que es la portada de la iglesia al claustro, frente a la capillita, a donde se desterró a la linda efigie de la Virgen titular, que en el siglo XIII estaba en el altar mayor, la cual por esa razón, su antigüedad y linda talla merecía mayor aprecio y devoción, que los que se le tributan.

Desde entonces el claustro ha sufrido numerosas actuaciones y en la que se llevó a cabo en 1966 la capilla fue eliminada; sería entonces cuando la virgen fue trasladada a la sala capitular vieja, la misma que ahora pisamos, y don Vicente se vino con ella, según nos contó con todo lujo de detalles otro notable bilbilitano, Emilio Navarro, quien vivió en primera persona aquella actuación y quien aseguraba que se encuentra a muy pocos pasos del retablo gótico, justo en medio de la sala y a un palmo por debajo del suelo.

Hoy queremos pronunciar esa expresión latina en voz muy alta, que se sepa que la ciudadanía bilbilitana no ha olvidado a Vicente de la Fuente, que forma parte de las vidas de todos quienes, en algún momento, nos hemos interesado por nuestra historia y nuestras raíces y que, como él, amamos a nuestra tierra. Que cada vez que pisamos estas salas claustrales le recordamos y estamos orgullosos de que nos haga compañía un paisano de semejante categoría.

Estaría muy satisfecho de formar parte de este retazo de patrimonio de la humanidad, junto a su Virgen de Mediavilla y custodiando un museo que encierra tesoros que él tan bien debía conocer. Es sabido que fue un hombre modesto y, sin quererlo, fue enterrado como los faraones: en un magnífico y singular mausoleo, rodeado de los más preciosos objetos que han pertenecido a todas las etapas de la historia por la que tanto se preocupó.



Pero, sobre todo, celebramos su cumpleaños, el 200 aniversario. Vicente de la Fuente nació el 29 de enero de 1817 en la ciudad morisca de Calatayud, a orillas del Jalón, cerca de las ruinas de la Augusta Bilbilis, celtíbera y romana, cuna del gran poeta satírico Marcial y de muchos otros ilustres… y de muchos otros menos grandes pero impregnados del cariño a esta hermosa ciudad, apegados y respetuosos de lo nuestro y orgullosos de los nuestros, como los miembros de esta modesta asociación que hoy nos unimos a los homenajes en memoria de tan magnífico bilbilitano y festejamos su nacimiento. Y como es costumbre en estos casos queremos hacerle un regalo para que quede constancia de que, como en su Bílbilis añorada, siempre estará en nuestro recuerdo… Nec me tacebit, Bilbilis.

 

Como colofón, se procedió a descubrir la ya mencionada placa conmemorativa, cediendo este privilegio al Ayuntamiento de Calatayud, representado por su Teniente de alcalde Mercedes Sarrate de Castro, como corresponde a tan eminente personaje.