Semana Santa

Semana Santa

Semana Santa bilbilitana
Actos preliminares

Nos ha parecido interesante compartir desde estas líneas un poco de historia de los actos que, relacionados con la semana grande de los católicos, se celebran en nuestra ciudad. Dejaremos para el final, como capítulo aparte, la procesión del Santo Entierro que está declarada Fiesta de Interés Turístico Regional desde 1995.
La idea es hacer tres apartados, como ya hemos dicho, uno dedicado al Santo Entierro, otro dedicado al resto de los actos de la Semana Santa y éste que a continuación desgranamos dedicado a los actos preliminares.
¿Cuál es la primera fecha que podemos relacionar en nuestro calendario con la Semana Santa? Pues sin lugar a dudas Jueves Lardero.
Es una de esas fiestas tradicionales (ya aparece nombrada en el Libro de buen amor) que, sin estar generalizadas, se celebra en pueblos de casi todas las comunidades autónomas. El nombre ya explica de lo que se trata: lardero viene del latín lardarius, que significa tocino, y es en el fondo una fiesta gastronómica en la que se estrenan los embutidos del nuevo año y se preparan los cuerpos para los rigores de la Cuaresma.
En Calatayud, si bien se celebra como en la mayoría de los sitios con merienda campestre y en cuadrilla, lo peculiar es la medida: el palmo (lo que hace que el día se conozca también con este nombre). Así se come un bocadillo de tortilla y longaniza, en el que el embutido y el pan miden un palmo del comensal.
Es Jueves Lardero además el pregonero del carnaval, fiesta otrora importantísima en nuestra ciudad, no en vano en el siglo XIX la Hermandad de la Agonía creó un triduo de cuarenta horas en los días de carnaval para rezar por los excesos festivos. Son legendarios, en los años previos a la Guerra Civil, los bailes que se celebraban en el teatro Principal y las corrosivas chirigotas que se entonaban. Aprovechando una muerte que ocurrió en los días de don Carnal, las autoridades de la dictadura prohibieron su celebración y no sería hasta 1980 cuando, desde el instituto Miguel Primo de Rivera, se intentarán revitalizar. Varias asociaciones aportaron actos para estos días pero hasta finales de la década el carnaval bilbilitano no alcanzó su estructura actual.
El Miércoles de Ceniza empieza la preparación de la Semana Santa. Ya se escuchan los ensayos de las bandas de tambores y, desde hace pocos años, la Junta Mayor de Cofradías organiza el Pregón de Cuaresma con participación de todas las hermandades.


El primer domingo de marzo tiene lugar uno de los actos más tradicionales que casi podríamos definir como pregón procesional de la Semana Santa en España. Antiguamente se celebraba el primer viernes de Cuaresma y salía desde la iglesia de San Francisco hasta el Calvario, que se encuentra en los pinos de Ostáriz (frente a la estación de tren). A partir de 1929 se fija la fecha del primer domingo de marzo y se cambia el recorrido, que será desde la iglesia de San Juan hasta el Real Santuario de Nuestra Señora la Virgen de la Peña. Hoy lo conocemos como Viacrucis de Penitencia. Una banda de tambores, en ocasiones un penitente con la cruz a cuestas que representa, a lo largo del recorrido, las tres caídas, un crucificado flanqueado por faroles y catorce estandartes con las estaciones, portados por miembros de todas las cofradías vestidos con sus hábitos, componen esta tan sencilla como tradicional procesión.

También en marzo, en la plaza de España, se celebra la Exaltación del Tambor y el Bombo que concentra a grupos de tambores de un buen número de provincias. Está organizada por la Hermandad del Cristo de la Paz y ya se han celebrado más de veinte ediciones.
Si aprieta el hambre, nuestras pastelerías preparan en estos días de penitencia los exquisitos pasteles de sardina, salmón y atún que ayudan a sobrellevar los rigores cuaresmales hasta la siguiente fiesta gastronómica: las culecas o San Lázaro.

El domingo anterior al de Ramos solemos salir al campo a degustar la culeca, una torta con huevos cocidos, que en otros sitios se conoce como mona de pascua y que, como su propio nombre indica, se come quince días después que en Calatayud.
Parece ser que aquí nos adelantamos por caridad, es decir, por hacer llegar a los leprosos recogidos en el lazareto que los Antonianos habían fundado en las afueras, un buen alimento para el día que en las iglesias se leía el evangelio de la resurrección de Lázaro. Algún estudioso sugiere que ese sería el único sustento con que los bilbilitanos pasarían tan penitencial día. Sea como fuere, el caso es que las cuadrillas vuelven al campo a pasar un día de asueto y a merendar la tradicional culeca.
La semana de Pasión se llena en Calatayud de Vía Crucis, triduos, septenarios e imposiciones de medallas organizados por las distintas cofradías, así como la poco concurrida novena al Cristo de Ruzola, preciosa talla del siglo XVI que antiguamente fue una de las grandes devociones de los bilbilitanos.
Distintos actos culturales organizados por las hermandades, la Junta y el Centro de Estudios Bilbilitanos arropan al pregón que suele leerse el Viernes de Dolores.

 

 

Procesiones diarias
 
Domingo de Ramos

A principios del siglo XIV se celebraba la bendición de los ramos en la iglesia de San Andrés y desde allí se desfilaba en procesión hasta San Pedro, donde tenía lugar la celebración de la misa. Al ser suprimida esta última como parroquia el acto se realizó de manera independiente en los templos locales.
A partir de 1980 las hermandades Hermanos de Cristo del Club Consolación y Terceroles organizaban sendas procesiones de ramos. La primera portando la peana de la Burrica de las naranjas y la segunda rememorando aquel desfile del siglo XIV, pero desde la ermita de la Purísima hasta San Andrés.

Desde 1986 se reúnen todas las parroquias del centro con sus cruces en la plaza de España, acompañadas por la música de las bandas de tambores. Preside la ceremonia el paso de la Burrica de las naranjas. Tras bendecir los ramos, las cofradías acompañan a las parroquias a sus templos donde se celebrará la misa.
Desde 2015 la tarde la llena la recién creada Hermandad de Estudiantes de Jesús de la Caridad que parte del colegio de Santa Ana y organiza una procesión por las calles bilbilitanas con la magnífica imagen obra de Manuel Martín Nieto.

Lunes Santo

Dos sencillas procesiones ocupan la tarde noche del lunes.
Sobre las 8 de la noche la Hermandad de Terceroles, sale de San Juan y desfila en piadoso vía crucis con la imagen de Jesús coronado de espinas, una de las tallas más bonitas de nuestra Semana Santa. Los acompaña su sección de matracas.
Una hora más tarde serán los Hermanos de Cristo del Club Consolación quienes partirán de la colegiata de Santa María con la reliquia de la Santa Espina (aquella que, según nos cuenta el padre Faci, en Viernes Santo deja ver más viva la sangre del Redentor que manchó su punta). Irán acompañados por la Hermandad del Cristo Yacente de Terrer y portarán además el palio de las Carmelitas. La música, la de su banda de tambores y cornetas.

Martes Santo

Este día recoge una de las procesiones con más solera de la Semana Santa bilbilitana. Se trata de la procesión del Encuentro que ya era acostumbrado en 1752.
Desfilan por nuestras calles los pasos de Jesús con la cruz a cuestas y la Dolorosa, ambas imágenes realizadas por Gabriel Navarro en el siglo XVIII. Es reseñable que estas cofradías fueron de las que aguantaron durante la crisis de los años 70 del pasado siglo.

A las 8 de la noche sale la Virgen de la iglesia de San Juan, acompañada por los roncos sones de las tamboras de la Hermandad del Descendimiento. Poco después, en vía Crucis, desfila Jesús con la cruz a cuestas ayudado por el Cirineo; ponen la música los tambores de la Hermandad de San Pedro y el gallo. Al llegar a la plaza de España se reza la cuarta estación y se simboliza el encuentro de Jesús con su Madre en la vía Dolorosa.

Miércoles Santo

Comienza la noche con la procesión que, con el nombre de Al olivo, organiza la cofradía de Nuestro Señor en la oración del huerto (O.J.E.). A eso de las 8, salen de la iglesia de San Andrés y desfilan hasta la plaza del Olivo en la que se lee el pasaje evangélico de Getsemaní y se entona alguna jota penitencial, recorriendo luego parte del casco histórico al son de su banda de tambores.
Las imágenes de este paso, parecen ser obra del escultor bilbilitano José Alegre. Por lo menos a él debemos la restauración realizada en 1846 para que pudiese tomar parte en la procesión del Santo Entierro.
De la iglesia de San Alberto de las Carmelitas Descalzas sale poco después la Hermandad gremial de San Pedro y el gallo que con la banda de tambores acompañan a su titular por las calles bilbilitanas hasta la iglesia de San Pedro en la que leen el pasaje evangélico de la negación y dan por concluido el desfile. La imagen del santo fue comprada al convento de la Merced tras la desamortización.

Ininterrumpidamente desde 1955 la Hermandad Ferroviaria de San Iñigo y la Virgen de la Peña realiza el traslado de su titular desde la capilla de la estación hasta la iglesia de San Juan. La preciosa imagen, realizada en los talleres de Olot, las antorchas que adornan el paso y el sonido de su banda de tambores y trompetas dan a esta procesión un carácter peculiar.

La noche la ocupa la Real Hermandad del Santísimo Cristo de la Paz y el Santo Lignum Crucis, con la procesión del Silencio. Popular procesión que congrega a gran cantidad de público y en la que, además de la banda de tambores de la hermandad, se pueden escuchar preciosas jotas penitenciales y una sentida oración por la paz. Inician el recorrido por las calles del casco antiguo desde la colegiata del Santo Sepulcro y portan la bellísima imagen del Cristo de la Paz (principios siglo XVIII) y el relicario de la colegiata con el Lignum Crucis.

Jueves Santo

Seguimos considerando en Calatayud el día de Jueves Santo como de gran fiesta. No hemos de olvidar que, en lo musical, el bilbilitano Pascual Marquina compuso Macarena, para la Madrugá sevillana, entre otras marchas procesionales, o que nuestro paisano José Muñoz Román puso letra al famoso pasodoble, del maestro Alonso, Jueves Santo Madrileño.
Pero volvamos a Calatayud. Los más profanos pueden disfrutar de una ruta especial en estos días probando la deliciosa limonada que se sirve en los bares con las suculentas torrijas y, si les queda hueco, se pueden deleitar con los exquisitos y contundentes Ibéricos que preparan en nuestras pastelerías.

En lo religioso se mantiene la tradición de recorrer los monumentos eucarísticos que se montan en las iglesias. Recomendamos la visita a la colegiata del Santo Sepulcro, una joya dedicada enteramente a la Pasión de Cristo.

Y en lo procesional la tarde de Jueves Santo deja poco espacio para el descanso. Tras los Santos Oficios de la colegiata del Santo Sepulcro, desfila la Real Hermandad de Nuestra Señora de la Piedad y Sangre de Cristo que, con la seriedad y el lúgubre sonido de campanas que les caracteriza acompañan al paso de su titular (obra de los talleres de arte cristiano de Olot).

Poco después y desde la misma iglesia vuelve a nuestras calles el Santísimo Cristo de la Paz acompañado por la banda de tambores de su hermandad.
De San Pedro de los Francos sale a las 8 y media de la noche la Hermandad del Descendimiento acompañando a su paso atribuido a José Alegre. Poco después, y desde el mismo templo, también lo hace la Hermandad de Terceroles con sus pasos de la Coronación de Espinas (preciosa imagen del siglo XVII) y la Verónica (de los talleres de arte cristiano de Olot). La primera de las cofradías se acompaña con el sonido de su banda de tamboras y la segunda, con banda de tambores y una sección de matracas.
A las 9 de la noche y de la plaza de Santa María parte la procesión del Amor fraterno con la imagen de Jesucristo sumo y eterno sacerdote (obra de los talleres de arte cristiano de Olot), organizada por los Hermanos de Cristo que pone el toque musical con banda de tambores y trompetas.

A las 10 de la noche, desde San Juan el Real, volverá a las calles la Hermandad Ferroviaria con su titular.
Cierra el día otra procesión de gran arraigo, el vía crucis de la Hermandad de la Piedad que, con la imagen del Cristo de los ajusticiados, sale de la colegiata del Santo Sepulcro y recorre las calles del casco antiguo.

Viernes Santo

A las 7 de la mañana, desde la iglesia de San Pedro, parte el pintoresco vía crucis de la Hermandad de San Pedro y el gallo que recorre los barrios altos de la ciudad.
A las 11, en la plaza de Santa María, da comienzo la procesión de las Siete palabras, organizada por los Hermanos de Cristo, que pasa por las iglesias bilbilitanas, o sus aledaños, donde se predican las últimas palabras de Cristo en la Cruz. Hoy portan el paso Ecce Mater Tua con una impresionante escultura de Cristo (siglo XVI) flanqueada por la Virgen y San Juan.
Escucharemos durante el recorrido a su banda de cornetas y tambores y en las estaciones sentidas jotas penitenciales.
Llegados a la hora de la comida y como es día de vigilia, la tradición pone en la mesa los deliciosos garbanzos con congrio o el bacalao en sus múltiples variedades, destacando las sabrosísimas albóndigas.
A las 8 de la noche tiene lugar la procesión del Santo Entierro a la que dedicaremos capítulo aparte.

Sábado de Gloria

A las 8 de la noche la Hermandad de Terceroles procesiona desde San Pedro con el paso de palio María Santísima de la Esperanza, escultura realizada por Carlos Molina en 2005.

Domingo de Resurrección

A las 11:45 parte desde San Pedro la procesión del Resucitado, organizada por la Hermandad de Terceroles. Desfilan los pasos de Cristo Resucitado (obra de Luis Moreno, de 1993) y el de María Santísima de la Esperanza. Les acompañan todas las hermandades y cofradías penitenciales de Calatayud, y alguna de la comarca, con sus bandas de tambores. Al llegar a la puerta de San Juan tiene lugar el glorioso encuentro de María con su Hijo Resucitado.

Procesión del Santo Entierro 

Capítulo aparte merece esta magnífica procesión del Santo Entierro que cada Viernes Santo, a las 8 de la noche, sale de San Juan el Real y recorre las calles de nuestra ciudad.
Sus orígenes se pierden en el tiempo. Se intuye que siempre ha estado bajo el auspicio de la Orden Franciscana, en sus ramas de Franciscanos, Clarisas y Venerable Orden Tercera (VOT). La Orden del pobrecito de Asís afincada en nuestra ciudad hacia 1230.

Se conoce, por una denuncia interpuesta ante el tribunal de la Inquisición en 1471, que el día de Viernes Santo, en el Barrio Nuevo Somero se realizaba un sermón que duraba muchas horas. En 1588 la Cofradía del Clero otorga permiso a la hermandad de San Antón para que acompañen con un crucificado a los hermanos de San Francisco. En 1647 Juan Pérez de Nueros deja en su testamento 100 sueldos jaqueses a la hermandad de la Soledad. En 1752 el franciscano Fray Manuel Fuentes pide permiso al Prior del Clero para realizar, entre otras, las acostumbradas procesiones de Martes y Viernes Santo. En 1776 se acuerda que el ayuntamiento acuda con hachas a la procesión que se celebra el Viernes Santo por la tarde. Y en 1846 un grupo de hermanos celosos de la VOT se propone recuperar la antigua procesión del Santo Entierro y desfilan por nuestras calles diez peanas y algunos estandartes y personajes.
Actualmente, casi doscientos años después, nuestra procesión ha cambiado en cuanto a grandiosidad, participación y sonido y, aunque se mantiene el original espíritu franciscano de pobreza, se advierten las mejoras realizadas a lo largo del tiempo y el esfuerzo de las cofradías por embellecerla.

A las 8 de la noche, en la puerta de la iglesia de San Juan, un toque de corneta anuncia a los congregados que la procesión va a comenzar. Los sonidos de las campanas de los maceros y de las tamboras de la VOT marcan el paso de los personajes que van saliendo del interior del templo. La cruz desnuda, los niños del pregón, las vexilas, el coro de la Pasión, las mujeres célebres del Antiguo Testamento, los patriarcas, reyes y profetas, las tribus de Israel, la samaritana y los niños del Hosanna, sirven de introducción al desfile pasional.

El primer paso en procesionar es la Entrada en Jerusalén conocida aquí como la Burrica de las naranjas por ir adornada con estos frutos. Tras ella, los estandartes de las Cuatro virtudes y la peana de la Última cena. La primera banda en salir será la de la hermandad de la Oración de Jesús en el huerto y, tras ella, el Prendimiento. Después, acompañada de tambores, la última incorporación a este desfile, la hermandad de Jesús de la Caridad. De nuevo sonarán los tambores para acompañar a San Pedro en sus negaciones. Luego, los Azotes. Tras ellos la Coronación de espinas con los tambores de la hermandad de Terceroles. A continuación el peculiar hábito de los hermanos nos anunciará la llegada del Ecce Homo. De nuevo los Terceroles, esta vez con matracas, acompañando a la Verónica. Tras la peana, como una sombra, el personaje que la representa mostrando la Vera Faz. La hermandad de los Ferroviarios acompañan con su banda de cornetas y tambores al Cristo cargado con la cruz. Desfila a continuación la preciosa imagen de Jesús con la cruz a cuestas ayudado por el Cirineo. Las peculiares Doce sibilas hacen un intermedio de estandartes. Luego, el Lignum Crucis que antecede al Cristo de la Paz, acompañado por los tambores de su cofradía. Detrás, la Santa Espina y el Ecce Mater Tua portados por los Hermanos de Cristo y acompañados también por trompetas y tambores. A continuación, desfilan los Símbolos de la muerte de Jesús, el Cuadro del Templo con el velo rasgado, el sol y la luna. Luego, la crucifixión (que aquí se llama el Caballico de bronce) y, tras ella, los tarjetones con las Siete palabras. Después, el Descendimiento con su banda de tamboras.

La ternura de los niños con los Atributos de la pasión y los Estandartes de las cuatro partes del mundo, dan comienzo a la parte más fúnebre de la procesión. Aparece, con gravedad, la Hermandad de la Piedad con sus características campanas y, tras las Angustias de la Virgen, un piquete de soldados romanos que escoltan el arca que lleva a Cristo muerto, el Salvator. Un Palio negro de respeto, los enterradores (José de Arimatea y Nicodemus), las tres Marías, y otro piquete de soldados romanos, dirigido por Longinos, son la parte correspondiente al Entierro. Tras ellos, la Dolorosa en su Soledad y la peana de las Tres Marías y San Juan. El terno de Sacerdotes, la reina Santa Elena con la Vera Cruz, las autoridades y finalmente la banda de música se encaminan hacia la plaza de España donde tiene lugar la ceremonia del Santo Entierro.

Las peanas rodean la plaza de España. La Real hermandad de la Piedad, por antiguo privilegio, cruzará el entablado en el que se enterrará a Cristo. Los pasos de la Dolorosa y de las Tres Marías quedan próximos al catafalco. Los portadores subirán el arca del Salvator al escenario, mientras la banda de música interpreta una marcha fúnebre y el presidente de la Junta Mayor de Cofradías de Semana Santa va leyendo el Evangelio que narra este momento luctuoso. Con paso lento, muy lento, suben las Tres Marías a retirar el manto que cubre el cuerpo de Jesús e igual de lentamente distribuyen sobre Él las esencias. Luego, con la misma parsimonia, José de Arimatea y Nicodemus incensarán el cuerpo, lo cubrirán con una sábana y colocarán la tapa del arca. A continuación será Longinos quien subirá y ordenará a sus soldados, testigos de la ceremonia, que se aseguren de que el Redentor está dentro y así poder sellar el arca con sonoros martillazos en cada una de las esquinas.

El romano correspondiente, movido por el ruido, dará un golpe de lanza y un cuarto de vuelta. A la orden del rey de los romanos, volverán a ponerse de frente al arca y comprobarán que ha quedado sellada. Los enterradores bajarán la mesa en la que se encuentra el cuerpo, un clarín dará el toque romano, los maceros harán sonar sus campanas y se recompondrá la procesión.
En la puerta de San Juan, los Hermanos de Cristo ofrendarán una rosa ante el arca cerrada. Al llegar al interior del templo el paso de la Dolorosa, se rezará lo que antiguamente fue el Sermón de la Soledad y que ahora es una sencilla oración que da por concluidos los actos del Viernes Santo bilbilitano.
No tienen nuestras procesiones el lujo de las andaluzas, el arte de las castellanas o la vistosidad de las murcianas. Pero en conjunto tienen un sabor que resulta difícil de explicar, por eso recomendamos que vengáis a verlas. ¡Os sorprenderán!