San Roque

San Roque

Fiestas de San Roque

Como ya se ha dicho, algunos de los fines de esta asociación son preservar, difundir y potenciar las tradiciones de la ciudad de Calatayud, sean de carácter artístico, religioso, cultural, popular o festivo. En verano tiene lugar un acontecimiento que aglutina prácticamente todos estos matices, se trata de las típicas fiestas que cada año se celebran en torno al dieciséis de agosto en honor de San Roque, abogado de la peste, venerado en multitud de poblaciones españolas y europeas, y motivo de profunda devoción en Calatayud.
Según cuenta Jacobo de la Vorágine en La Leyenda Dorada, Roque nació en Montpellier en el primer tercio del siglo XIII. Hijo de familia noble, comenzó desde muy pronta edad a mortificar su cuerpo con rigurosas abstinencias y, al morir sus padres, repartió su hacienda entre los pobres, renunciando a los títulos que le correspondían, cambió sus ricas ropas por otras modestas y, con un sombrero en la cabeza, unas alforjas y un cayado, salió de su casa en peregrinación hacia Italia, país que se encontraba infestado por una terrible epidemia de peste.

Se dice del piadoso peregrino que liberó muchas ciudades italianas de tan perniciosa enfermedad sin más antídoto que el de trazar sobre ellas la señal de la cruz. Al llegar a la ciudad de Plasencia se alojó en un hospital lleno de apestados y, con el mismo procedimiento, fue sanándolos a todos; pero allí cayó enfermo a causa de una saeta que se le clavó en la pierna. Un perro, que le llevaba pan para su sustento y le lamía la herida, fue su única compañía. Superada esta enfermedad, durante la cual pasó por indecibles padecimientos, regresó a su tierra, fue tomado por espía, ya que por entonces Francia se encontraba en guerra, apresado y conducido a la cárcel, donde permaneció durante cinco años, sometido a increíbles y espantosos sufrimientos que soportó con admirable paciencia. Allí murió, en agosto de 1327 rogando a Dios que se dignase, por su mediación, librar de la peste a cuantos se encomendasen a él. Su tío, el gobernador de Montpellier, descubrió que el maltratado prisionero era su sobrino Roque y, haciéndose cargo de su santo cuerpo, le dio piadosa sepultura y dispuso se construyera una magnífica iglesia a él dedicada. Continuó haciendo infinidad de milagros, y se edificaron innumerables basílicas y capillas en su honor.
Calatayud no fue menos y levantó una ermita al santo Roque en un coqueto montecillo que miraba a la ciudad, para ser venerado por su infinita bondad y piadosos milagros, a la que, desde antaño, se tiene costumbre subir en romería en la madrugada del día dieciséis de agosto. Tradición que mantiene viva la antigua cofradía del santo. Si a estos usos añadimos la celebración de unas vaquillas, tenemos la visión de lo que debieron ser los actos originales.

En las últimas décadas la fiesta se ha ido transformando y fue a mediados de los años 50 del siglo pasado cuando comenzaron a aparecer las distintas Peñas con sus correspondientes charangas que, poco a poco, fueron tomando un protagonismo absoluto, aportando una presencia multitudinaria y creando un ambiente bullicioso, colorista y alegre que atrae a gran número de participantes residentes y forasteros, sin distinción de edad o condición social.

Entre las incorporaciones a la fiesta una de las más concurridas y esperadas es el arranque de la misma, que tiene lugar, casi siempre el día trece, en la plaza de España donde, al caer la tarde, acuden las peñas uniformadas con músicas y pancartas, junto con todo aquel que quiere participar en un acto bullicioso y multicolor que se conoce como El Chupinazo, que marca el comienzo y da lugar al desfile general por las principales arterias bilbilitanas.

Las noches cálidas se viven en las calles abarrotadas de gente mezclada con las charangas que reanudan sus desfiles tras la cena. Verbenas y actuaciones tienen lugar en los distintos locales de las peñas, que el gentío visita y recorre hasta que finalizan.

Y es al final de una de estas noches, la del quince, cuando resurge una de las tradiciones más entrañables: la romería a la Ermita de San Roque. Miles de personas arropan la imagen de San Roque que recorre las serpenteantes cuestas hasta el monte donde se ubica el pequeño templo, acompañados por peñistas y charangas. Una vez dentro, cantan Los Gozos y cumplen con el ritual de tocar El Campanico que llevará sus plegarias al santo, que preside la santa misa y se celebra en una de las eras. Es un espectáculo magnífico en el que el amanecer va tomando protagonismo y descubre un monte cubierto de miles de personas y donde destacan los distintos tonos de las camisas de los peñistas. Esta singular experiencia inspiró al notable y prolífico compositor alhameño Pablo Luna Carné, el precioso poema sinfónico, Una Noche en Calatayud.

Al bajar es obligado hacer una parada en la Era del Chocolate donde se reparte bien caliente y con bizcochos de la tierra. Llegados a la plaza de España, a las ocho, tiene lugar una peculiar petición de vaquillas: las que se celebrarán esa tarde del dieciséis en el coso de Margarita, tal y como se venía haciendo antaño en eras y prados.

En todos estos actos participa el santo de manera habitual, siempre a hombros de los bilbilitanos: tiene lugar de honor en el balcón del Ayuntamiento durante el chupinazo, baja la Rúa y recorre la calles con las peñas hasta que se recogen las charangas, sube a la ermita, pide las vaquillas y es el primero en dar la vuelta al ruedo.

Y es que las fiestas de San Roque son una mezcla de actos religiosos y profanos perfectamente combinados. Se han ido incorporando muchas otras tradiciones pero siempre respetando el viejo sentido religioso de la fiesta y manteniendo la motivación original; posiblemente ahí resida su éxito, porque cada día son más multitudinarias, vitales y populares.

Esta fiesta constituye un antes y un después para los que acostumbramos a participar en ella, un paréntesis en el que se liberan tensiones y rutinas acumuladas y se renuevan las energías, por eso es esperada con anhelo, e incluso es posible que ofrezcamos una visión demasiado apasionada de la misma y expresemos su significado con excesiva vehemencia. Si quieren comprobarlo, la solución, la respuesta, para quienes no conozcan las Fiestas de San Roque de Calatayud está en vivirlas.
¡Viva San Roque!

 

Gozos al glorioso San Roque

De tus devotos consuelos
sois San Roque soberano.
Dadnos San Roque la mano,
para subir a los cielos.
De padres nobles naciste
con una cruz encarnada
en vuestro pecho estampada,
don que de Dios recibiste,
con este signo nos diste
a entender en tu santo celo.
Dadnos San Roque la mano,
para subir a los cielos.
De doce años comenzaste
a hacer Santa Romería
por Jesús y por María
grandes trabajos pasaste
con esto nos enseñaste
a imitar tu santo celo.
Dadnos San Roque la mano,
para subir a los cielos.
Dejaste con sumo aliento
de Montpelier el condado
y a vuestro tío ensalzado
se fue al cielo vuestro intento,
y a peregrinar contento
marchaste con grande celo.
Dadnos San Roque la mano,
para subir a los cielos.
Fuiste de Cristo avisado
haciendo un día oración
que de pesada aflicción
habías de ser cercado;
gracias que diste postrado
de rodillas en el suelo.
Dadnos San Roque la mano,
para subir a los cielos.

De una saeta fatal
en un muslo fuiste herido
cosa que Dios ha querido
que sufrieras este mal,
a curarte angelical
un ángel bajó del cielo.
Dadnos San Roque la mano,
para subir a los cielos.
Con tierna solicitud
de Languedoc y Plasencia
fuiste a curar pestilencia
y a enfermos dar salud,
todos hallaron virtud
en la bondad de tu celo.
Dadnos San Roque la mano,
para subir a los cielos.
Llegaste con sumo aliento
a una cristalina fuente
y en la calentura ardiente
que en la tierra te ha postrado
tres días te ha sustentado
un lebrel con grande celo.
Dadnos San Roque la mano,
para subir a los cielos.
En Plasencia se encontraron
de pestilencia afligidos,
pero fueron socorridos
así que os invocaron
con gracia os fabricaron
un templo de gran modelo.
Dadnos San Roque la mano,
para subir a los cielos.
Contritos de corazón
a tus plantas nos postramos
San Roque, os suplicamos
que nos alcancéis perdón
y nos libres de aflicción
con vuestro santo consuelo.
Dadnos San Roque la mano,
para subir a los cielos.