San Íñigo

San Íñigo

Festividad de San Íñigo abad de Oña, hijo y patrón de Calatayud

Durante el fin de semana próximo al uno de junio se dispone la ciudad bilbilitana a celebrar la fiesta de su patrón San Íñigo abad. Discreto el santo y discretos los festejos en su honor, la Asociación Torre Albarrana considera tan relevante recordar esta conmemoración como si de la patrona o San Roque se tratase, cuya vida y milagros son, casi con seguridad, más conocidos por los bilbilitanos y visitantes que los del abad de Oña.

Tradicionalmente se acepta el año 1000 como el del nacimiento en el barrio mozárabe de Calatayud de nuestro patrón San Íñigo.

Sobre el solar de su casa natal se construyó una capilla que tras la reconquista se convirtió en el monasterio de San Benito. En 1148 Ramón Berenguer IV puso a este monasterio bajo la jurisdicción de San Salvador de Oña. Sobre la pequeña nave eclesial, que se integra en la actualidad en el hotel Benedictino, existió hasta la última restauración una ventana especialmente adornada que según las monjas marcaba la habitación exacta del nacimiento del santo. Este monasterio, que desde 1507 depende de la ciudad de Calatayud, fue parroquia de expósitos y en su atrio se enterraba a los ajusticiados. En 1601 se edificó la capilla de San Iñigo que, para dar fe del patronazgo, se decoró con hasta cuatro escudos de Calatayud; el retablo de esta capilla se encuentra en la actualidad en la iglesia de San Pedro de los Francos.

Íñigo sintió desde muy joven vocación religiosa y por ello se retiró a hacer vida eremita a una cueva de la vecina localidad de Tobed. Poco después, decidió marchar al monasterio de San Juan de la Peña en el que tomó los hábitos y regresó a la vida ermitaña. Ya por aquel entonces comenzó a cobrar fama su sensatez en los consejos y su corazón caritativo.

En el año 1033 Sancho III el Mayor de Pamplona reconvirtió en masculino el monasterio benedictino de Oña. Don García, primer abad, permaneció menos de dos años en el cargo y el rey se vio en la obligación de buscar un sustituto para dirigir tan importante cenobio. Había llegado a sus oídos la virtuosa fama de Íñigo, así que envió una embajada a San Juan de la Peña para convencer a nuestro santo de que aceptase el cargo de abad del monasterio burgalés, quien se negó hasta en dos ocasiones por lo que el propio rey decidió ir a buscarlo a tierras jacetanas. Se desconoce si alentado o mandado por el rey, el abad decidió aceptar en fecha anterior al 21 de octubre de 1034, en la que ya aparece en un documento como “Enneco Abbas Honiensis”.

Tuvo fama de caritativo, justo y sabio en el gobierno del importante monasterio de Oña, fue consejero de los reyes pamploneses hasta tal punto que el rey García murió en sus brazos tras la batalla de Atapuerca, y se le encomendaron distintas embajadas fuera de los muros monásticos como la de marchar a León para recibir el cuerpo de San Isidoro en el año 1063. Con fama de santidad murió Íñigo en Oña el 1 de junio de 1068. Sus restos se conservan en el presbiterio de la iglesia abacial en una bellísima arqueta de plata y piedras preciosas. En la Edad Media fue patrón de los cautivos, por lo que adornaban las naves del templo gran cantidad de grilletes y cadenas y canonizado por el Papa Alejandro IV (el mismo que autorizó la creación de la Universidad de Salamanca) en 1259.

En 1387 ya existía en Calatayud la cofradía del santo que atravesó una crisis en el siglo XVIII y que se recuperó como esclavitud en el XIX. En el año 1600, tras varios intentos, se autorizó la donación de una reliquia del santo, concretamente los huesos de un antebrazo, a la ciudad que lo vio nacer, siendo nombrado, desde entonces, su patrón. El obispo fray Diego de Yepes ordenó que se celebrara su fiesta con oficio doble y con procesión general por la tarde con asistencia del clero, cofradías y ayuntamiento. En el año 1740 se le concedió oficio propio y por dicho motivo celebrar la ciudad unas Especialísimas fiestas.

La festividad del santo se celebra en la actualidad con un triduo, misa solemne y procesión general con la imagen y la reliquia el día 1 (al acabar se reparte el pan bendecido de San Íñigo) y misa de difuntos el día 2. En lo profano, son de rigor el volteo de campanas y toque del Reloj Tonto, así como la salida de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. Salvo aquellas lejanas fiestas del XVIII nunca ha sido una celebración de mucho relumbrón, aunque ha habido voluntad de los bilbilitanos por engrandecerlas, y así la policía local lo tiene como patrón y, en otro tiempo, también lo celebraban los pasteleros. Entidades deportivas han hecho coincidir la fecha con algún evento importante como los desaparecidos Juegos del Jalón y también el Consejo Sectorial de Juventud celebraba una feria con surtido de actividades; incluso Las Alfonsadas comenzaron a celebrarse en fechas próximas con intención de levantar la fiesta del patrón y la peña Cuna del Cachirulo puso en las inmediaciones la ya tradicional ronda jotera que, tras desaparecer la entidad organizadora, ha sido apadrinada por los grupos folclóricos locales.

En 1977 se decidió que no fuese festivo el día de San Íñigo en favor de las fiestas de San Roque, siéndolo solamente algunos años.

Una de las representaciones más populares del santo lo muestra ya anciano, arrodillado sobre el báculo, y en medio de una gran tormenta protegiendo a la ciudad que aparece a sus pies, y con el lema Defiendo mi ciudad. Dice la leyenda que cuando San Vicente Ferrer (que según las malas lenguas nos echó alguna maldición durante sus visitas) predicó en Calatayud, pidió agua y nadie le dio, así que, indignado el valenciano, profetizó que llovería tanto que la ciudad se llenaría de agua de pilón a pilón (los pilones son los peirones que hay en las cumbres cercanas al castillo y a San Roque). San Iñigo, desde el cielo, dijo que eso no ocurriría mientras él fuese patrón de Calatayud. Otros cuentan que fue San Roque quien, en algún enfado celestial, dijo que el perro de su imagen en la ermita tendría que beber agua a morro y San Íñigo contestó del mismo modo que a San Vicente. También narra la tradición popular que la mano derecha de la imagen, que procesiona en actitud de bendecir, se abrirá para anunciar la inundación de Calatayud. El caso es que aquel laboral y lectivo 1 de junio de 1977, cayó en nuestra ciudad una granizada que cubrió las calles como si hubiese nevado.
San Íñigo tuvo bajo su titularidad la iglesia de la pedanía de Campiel y una ermita junto al parque de San Antonio.

Son abundantes las imágenes del santo y objetos con él relacionados en nuestra ciudad: en la iglesia de San Juan el Real aparece en las puertas del armario que contiene el tesoro, pintadas por Goya; en la iglesia de las carmelitas se conserva el cuadro pintado por José Llanas, que en otro tiempo adornó la alcaldía y dos imágenes para el farol del Rosario de cristal; en el santuario de la Virgen de la Peña se expone desde hace pocos años una sencilla lámina, además de la pintura al fresco del altar mayor; en la ermita de San Roque, un cuadro pintado por Molina lo muestra en actitud orante en los montes bilbilitanos; en el museo de la colegiata de Santa María, que con tanto cariño gestiona esta asociación, se exponen un cuadro de gran tamaño de finales del siglo XVII, un busto relicario, los brazos relicario y el báculo procesional; en San Pedro de los Francos, como ya se ha mencionado, está el retablo procedente de su capilla en el reconvertido monasterio de San Benito; en San Andrés, provisionalmente, se encuentra la talla procesional y que, según Emilio Navarro, antiguamente tenía un lugar preeminente en la procesión del Corpus; en San Benito se conserva la procedente de la ermita; en Capuchinas existe un retablo obra de Jerónimo Secano; en la capilla de la residencia Reyes de Aragón poseen una delicada talla de vestir; en la galería de bilbilitanos ilustres también tiene lugar un retrato del santo; un azulejo, regalo de la cofradía, adorna la calle que lleva su nombre; se encuentra en restauración la imagen de la iglesia de Campiel; aparece también la imagen en la bandera de la cofradía, la única con el privilegio de llevar el escudo de Calatayud, siendo por tanto el pendón de la ciudad. Además, se conserva, junto al puente de Alcántara, el brocal del pozo de su casa natal.

Tiene San Íñigo himno y tuvo gozos de los que se ha entresacado la siguiente estrofa:
“Calatayud decorada
con tu brazo poderoso
goza quietud y reposo
cuando se ve atribulada
a ti se acoge humillada
en su temor y desvelo.
Sed Íñigo mi abogado
y en toda aflicción consuelo”.

Nos hemos referido a los festejos del día del patrón de Calatayud como discretos, hasta el 1 de junio de 2017 en que las reliquias del cuerpo del santo, que reposan en Oña, visitaron su ciudad natal trasladadas desde la localidad burgalesa. Se trataba de la primera vez que se desplazaba la urna de plata donde se encuentran. Por fin, desde hace mucho tiempo, tuvo San Íñigo una celebración del empaque que le corresponde.

A las seis de la tarde los bilbilitanos recibieron el arca con el cuerpo del patrón en la Puerta de Zaragoza, que posteriormente se instaló en la colegiata del Santo Sepulcro, donde se llevó a cabo la veneración por los fieles y, a continuación, se celebró una eucaristía presidida por el obispo de Tarazona, para terminar con la procesión de los restos del santo inédita en Calatayud. 

No queremos acabar sin mencionar el interés y el tesón que la cofradía y antigua esclavitud de San Íñigo pone para fomentar el culto a nuestro patrón.