Torrijo de la Cañada

 

Torrijo de la Cañada

(Texto parcialmente reproducido de la obra Cultura popular de la Comunidad de Calatayud, escrita por José Ángel Urzay Barrios, y publicada en Calatayud por el Centro de Estudios Bilbilitanos y la Comarca Comunidad de Calatayud, en 2006.)

Torrijo es uno de los pueblos de la comarca que más ha acusado la despoblación. De contar con cerca de 2.000 habitantes apenas quedan 200 en el invierno. Alcanzó su máxima población en el año 1906 con 2.181 habitantes. Fue siempre un pueblo de muchos jornaleros, pues la tierra de su extenso término no estaba bien repartida y casi todo era de unos pocos terratenientes. En la vega se cultivaba remolacha, patatas y judías y en secano, cereal y viña.

El patrimonio arquitectónico de Torrijo es uno de los mejores de la comarca. Las ruinas del castillo son de mampostería y se elevan sobre unas abruptas peñas junto a un recodo del río. En lo alto llama la atención El Pingorote La Zorra, una roca de forma caprichosa junto al depósito del agua.

La defensa del pueblo se complementaba con una muralla de casas, que bordeaba la margen izquierda del río Manubles. La torre-puerta daba acceso a la población a través de un bello puente sobre el río, construido con piedra de sillería. Esta torre-puerta es de piedra y tapial, rectangular, con arco apuntado, probablemente del siglo XIV. Posteriormente, en el siglo XVI, se recrecería con doble galería aragonesa de ladrillo.

Las calles siguen horizontalmente las curvas de nivel, ligadas transversalmente por otras más empinadas. El núcleo urbano en la actualidad se extiende a ambos lados del río Manubles.

La iglesia de Nuestra Señora del Hortal, concluida a finales del XVI, con planta de cruz latina y bóveda de crucería estrellada, es toda de piedra, con una bella portada abocinada de estilo gótico. La torre es de planta rectangular, levantada sobre la capilla lateral, que ejerce función de atrio. La capilla de los santos es del siglo XVII.

La iglesia de San Juan es de estilo gótico, con bóveda de crucería y portada renacentista. La riada de 1916 rompió las puertas, llegando el nivel del agua hasta la barandilla del púlpito. Todos los bancos fueron arrastrados por la corriente y convertidos en astillas al chocar contra las paredes. Las capillas de la iglesia desaparecieron por completo, dejando el templo en una triste desolación. Las imágenes completamente mutiladas se apilaron ante la puerta obstruyendo el paso. Se hundió parte del suelo y dentro de la iglesia, al retirarse las aguas, quedó un metro de barro.

Custodia este templo el Cristo de San Juan. Pervive una tradición oral, similar a la de Moros, según la cual un peregrino al que ayudaron con una limosna, pidió que lo dejaran encerrado en la iglesia. Le daban la comida por debajo de la puerta y nadie sabía lo que hacía. Un día desapareció y cuando abrieron la puerta se encontraron con la talla. Es un cristo llovedor, cuya imagen era sacada antiguamente en épocas de sequía.

La iglesia de la Virgen o de Santa María, muy deteriorada, está cerrada al culto. Antes se abría el día de San Pascual Bailón y también cuando las mujeres lo pedían para rezar novenas.

La casa consistorial, construida en el siglo XVI, descansa sobre cuatro arcos semicirculares de ladrillo, sostenidos por columnas toscanas de piedra que acogen la lonja. La planta principal, construida en ladrillo, conserva su fisonomía, aunque alterada por un balcón abierto modernamente. La planta superior es una galería aragonesa, con alero formado por hileras de ladrillos salientes.

La fuente de los Santos Félix y Régula, enmarcada entre dos columnas y con las hornacinas de las figuras descabezadas, ubicada junto a la carretera, nos recuerda que estamos en Torrijo, donde según la leyenda local sufrieron martirio los dos legionarios romanos, que la tradición y devoción populares han convertido en hermano y hermana. Muy cerca está el moderno lavadero cubierto.

Junto a la iglesia de Nuestra Señora del Hortal está la Cruz del Arenal, donde la leyenda dice que fueron martirizados los Santos Félix y Régula.

Destacan por su espectacularidad visual las eras y bodegas situadas encima del pueblo, en la margen derecha del Manubles. Forman un conjunto homogéneo, perfectamente integrado en la ladera del monte, uno de los mejores de la comarca, que merecería un plan urgente de recuperación para evitar su progresivo deterioro.

Durante doce años, de 1950 a 1962, hubo una comunidad de franciscanas en Torrijo de la Cañada. Todavía permanece en pie el edificio, comprado recientemente por el ayuntamiento, que se conoce con el nombre de El Convento.

El monumento a la Virgen de Lourdes, a la entrada del pueblo desde Villalengua, fue construido por unos particulares, que tenían especial devoción a esta advocación mariana. Muy cerca está el peirón de San Vicente, de ladrillo sobre grada de piedra, con su edículo destruido y la hornacina vacía.

El peirón de Santa Cristina se encuentra yendo a Deza, junto a la ermita en ruinas de Santa Cristina. Es una obra íntegra de ladrillo, con bellos dibujos que forman los ladrillos en su fuste. Una de sus hornacinas conserva una imagen de la santa.

La ermita de la Virgen del Campo Alavés está situada a unos doce kilómetros del pueblo. La actual ermita, construida sobre otra anterior, del siglo XVIII, mantiene una bella espadaña restaurada. Delante del templo, una gran explanada donde antes había un patio interior rodeado de edificios, que incluía la vivienda del santero, permite el desarrollo de los actos de la romería primaveral. Al lado hay una balsa de agua para el ganado.

En el paraje de Campo Alavés, que estuvo habitado hasta los años sesenta del siglo pasado, vivían familias de forma permanente durante todo el año. Además, en verano subían a trillar desde el pueblo. En las inmediaciones de la ermita quedan restos del poblado, entre ellos un abrevadero, al que se puede echar agua desde un manantial con una bomba manual, además de una nevera, que ha perdido su bóveda.

Existe una tradición según la cual el nombre de Campo Alavés deriva de un general llamado así, Alavés, que ganó una batalla en ese lugar, pero no parece probable. Lo único cierto es que esa llanura entre Castilla y Aragón fue escenario de batallas entre los reyes de Aragón y Castilla durante la Edad Media e incluso en la guerra de Sucesión. Las tropas aragonesas cruzaban en tales ocasiones la llanura del Campo Alavés para tomar Deza.

La ermita de los Santos se sitúa en el monte de los Santos, uno de los mejores pinares de toda la comarca, en el punto más alto del término. A principios del siglo pasado robaron el cuadro de San Félix y Santa Régula. Una señora que había subido en penitencia a la ermita descubrió el robo. Una copla lo recuerda así:

La señora Protasia

subió a los Santos

y sin ellos se encontró

y sin asustarse nada

al público le avisó.

El lienzo apareció en Vallecas. Un vecino, Cesáreo Molinero, bajó a Ateca en una bicicleta de madera construida por él mismo para enterarse de la noticia y dar certeza de ellas. Recuperado el cuadro, todo el pueblo subió a Los Santos para dar las gracias. Junto a esta ermita se erguía una vieja carrasca que se incendió en invierno, probablemente a causa de un descuido.

La ermita de Santa Bárbara, de mampostería, situada en la cota más alta del pueblo, está rodeada de pinos. Conserva un espectacular campanil sin campana, cuya parte superior es de ladrillo. Se suele ir en romería para almorzar el día de la Santa. Desde ella se divisa todo el pueblo. (Hay un mirador con protección e información.)

La ermita de Santa Cristina está en ruinas y conserva un arco diafragma interior. Hubo otra ermita, la de San Bartolomé, enclavada en el pueblo, pero desaparecida ya a finales del siglo XVI.

La desaparecida banda de música de Torrijo llamada La Lira tocaba por los pueblo de alrededor.

En Torrijo trabajó un alfarero, Marcelino Pacheco, hasta la década de los sesenta del siglo pasado. Cogía la tierra del Barranco de la Tejería y del Barranco del Trapero. En su torno elaboraba pucheros de varias capacidades, incluidos los de juguetería, ollas de adobo, cazuelas, tarteras, jarros de vino, caloríferos, coberteras, terrizos y otras piezas.