Olvés

 

Olvés

(Texto parcialmente reproducido de la obra Cultura popular de la Comunidad de Calatayud, escrita por José Ángel Urzay Barrios, y publicada en Calatayud por el Centro de Estudios Bilbilitanos y la Comarca Comunidad de Calatayud, en 2006.)

Se llega hasta Olvés por una carretera que sale de Maluenda. Donde muere la carretera es el título de una canción de Ángel Petisme, cantautor que tiene aquí sus raíces. La iglesia de la Asunción o de Santa María La Mayor ha estado amenazada de ruina durante los últimos años. En el momento de la redacción del texto ni siquiera fue posible verla. No sólo la iglesia está en ruinas, sino también numerosos edificios del pueblo, a pesar de las desesperadas peticiones de ayuda de alcaldía y vecinos. Conserva Olvés interesantes casas con escudos nobiliarios en sus calles estrechas. En el Cerro del Calvario, identificable por la cruz en lo alto, quedan cuevas que estuvieron habitadas tiempo atrás.

La ermita de la Virgen del Milagro, en la plaza del pueblo, está decorada en su interior con interesantes yeserías mudéjares. Dos imponentes arcos diafragma acondicionan un amplio espacio interior. Las imágenes más valiosas de la iglesia fueron bajadas a la ermita y colocadas en sus paredes laterales. La Virgen del Milagro, patrona con San Roque de Olvés, preside la espectacular ermita.

Es muy interesante el conjunto formado por fuente, pilón y abrevadero. La fuente está presidida por un bello escudo de alabastro que lleva la fecha de 1790, colocado en una estructura de ladrillo añadida a la vieja pared de piedra, que parece muy anterior. Se conserva íntegro el interesante tramo final del canal de conducción del agua que viene desde el barranco de La Poza. El lavadero cubierto es muy amplio, ceñido por una balsa de riego para los huertos cercanos.

En el barranco de La Poza abundan los manantiales, que han suministrado siempre agua a Olvés. Del barranco salen sendos caminos hacia Alarba, Castejón de Alarba y Abanto. En su parte alta está la rehabilitada ermita de San Roque, de arcos diafragma, con un pórtico y un refugio, que los labradores con sus caballerías utilizaban frecuentemente para cobijarse en él. Debajo de la ermita mana una tosca fuente de piedra con su vieja arca.

De la ermita de San Miguel se mantiene algún resto, que permite ver todavía su emplazamiento sobre una pequeña elevación. Aún son perceptibles los arranques de dos arcos diafragma. Al lado se encuentra Zaragocilla, una granja que perteneció al monasterio cisterciense de Piedra. Ahora es una propiedad particular, que conserva una gran parte del caserío. Está situada al pie del monte que los de Olvés llaman La Sierra, en su límite con Monterde, poblada de pinos, cerca ya de la Fuente de la Mujer. Muy cerca de Zaragocilla está el yacimiento celtíbero de Mundóbriga, entre los términos de Olvés y Munébrega.

Desaparecieron las ermitas de San Gregorio y de San Cristóbal.

Olvés conserva cuatro peirones. El peirón de la Virgen del Pilar, en la salida del pueblo hacia el barranco de La Poza, de ladrillo, con fuste corto y un tambor desproporcionado. El peirón de San Cristóbal en Valdeveva, en el camino a San Roque, con tres hornacinas que contienen las imágenes de San Cristóbal, la Virgen del Carmen y San Roque. Es un peirón esbelto, remozado y encalado, sin basa ni grada a la vista. El peirón de Santa Lucía en La Loma, es de mampostería revocada, con las imágenes de Santa Lucía, la Virgen del Rosario y la Virgen del Pilar. El grueso peirón de La Purísima está protegido por un tejado que sujetan cuatro pilares. Es el único peirón cubierto de toda la comarca.

Del peirón de la Virgen del Rosario en Carralavilla, junto al viejo camino que bajaba hasta Maluenda, sólo restan unas piedras.

Hay un paraje denominado La Nevera, donde queda algún resto del antiguo pozo de nieve.

Muy apreciados por los pueblos vecinos eran los trapos de Olvés, unas exquisitas tortas, finas y alargadas, creación del hornero Cruz Ustero, que junto a su mujer Consuelo Pérez, llevo el horno del pueblo hasta hace unos años. Los trapos eran elaborados a mano, con aceite de oliva, manteca de cerdo, azúcar y la masa madre del pan.

Este horno de leña de los años sesenta conserva todavía los viejos utensilios e instrumentos para elaborar el pan. En el obrador están los cedazos para cernir la harina, la amasadora, la artesa para reparar el pan, los moldes, el peso y las cajas donde se guardaba antes de hornearlo. En la sala del horno se mantienen en pie las mesas de madera, las paneras para llevar los panes a la pala que con su largo mango metía el pan hasta las profundidades calientes del horno. En el espacio situado encima del horno se colocaban los paños para que se secasen.

Cocían pan de molde, barras, molletes con sardinas rancias en su interior, roscones de San Blas y toda clase de pastas, como magdalenas, hojaldres, mantecados, excelentes brazos de gitano, los famosos trapos y las galletas de la Pacala, a las que daban forma con una capoladora de los mondongos.