Llumes

 

Llumes

(Texto parcialmente reproducido de la obra Cultura popular de la Comunidad de Calatayud, escrita por José Ángel Urzay Barrios, y publicada en Calatayud por el Centro de Estudios Bilbilitanos y la Comarca Comunidad de Calatayud, en 2006.)

Llumes es un barrio de Monterde, situado en el valle del río Piedra, en un desvío de la carretera que va a Cimballa desde el Monasterio de Piedra.

La historia de este enclave es compleja. En el transcurso de la Edad Media, después de la conquista cristiana, Llumes y Monterde se constituyeron como dos aldeas pertenecientes a la Comunidad de Aldeas de Calatayud, independientes entre sí. En el siglo XIV Llumes se despobló completamente, quedó vacío como muchos otros lugares de la comarca. Esta fue la causa de su incorporación a Monterde. Sin embargo el poderoso Monasterio de Piedra no estuvo conforme con la cesión y durante largos años mantuvo pleitos por la propiedad de este enclave abandonado. Hasta el siglo XVII no se dictó sentencia definitiva a favor de Monterde, si bien desconocemos bajo qué condiciones. Durante siglos nadie habitó Llumes. Sabemos que hasta finales del siglo XVIII, era una pardina en el término de Monterde cultivada por sus agricultores, pero treudera al Monasterio de Piedra.

El origen del Llumes actual tiene un nombre propio: Juan Jaime Civera, infanzón residente en Ateca, cuya familia era oriunda de Magallón. Juan Jaime era un ilustrado, un hombre de negocios que desarrollo numerosas iniciativas en el área de Calatayud. Montó una fábrica de aguardiente y otra de jabón en Ateca, desarrolló una gran actividad económica e intervino en las mejoras de las comunicaciones comarcales. Compró una finca de secano en Llumes que mejoró espectacularmente, con la ayuda de un hermano ingeniero. Por sus iniciativas empresariales y por su lealtad a la Corona, recibió el título de Barón de Llumes en el año 1790. En medio de la finca adquirida hizo construir una casa con oratorio, dependencias y viviendas para los obreros, todo alrededor de un patio central que servía como era para trillar. Mandó canalizar el río Piedra, construir acequias, puentes y caminos propios, allanar el terreno, en definitiva, organizar de forma racional un espacio de uso agrícola hasta entonces casi inservible. El resultado de tan magna obra, única en Aragón, puede verse todavía, pues sus descendientes han sabido conservar íntegra toda la estructura original de la finca. Ese fue el origen del Llumes moderno.

A lo largo de todo el siglo XIX Llumes fue la casa y las dependencias de la baronía. Sin embargo, la situación se modificó a principios del siglo XX. Una rama familiar de la baronía, por desavenencias internas, se instaló en una zona del pueblo llamada el Barrio del Oro, río arriba, junto al término llamado precisamente Pieza del Oro. En el sitio llamado Las Ermitas que había sido abandonado siglos anteriores, junto a las ruinas de la vieja iglesia románica, un kilómetro más arriba del río Piedra, se instalaron a finales del XIX unas familias de Monterde, en torno a un molino harinero. Desde el Alto de El Royo se aprecia panorámicamente la disposición de los tres núcleos de población.

Durante muchos años la finca del Barón fue el mayor núcleo, con unas ocho familias trabajando. La actividad agrícola era muy intensa y precisaba de numerosa mano de obra. Se habilitó incluso una escuela a la que asistían los niños de los alrededores.

En el núcleo más habitado actualmente, Las Ermitas, en la carretera que va a Monterde, está la iglesia de San Miguel, totalmente reconstruida en 1951 y autorizada como parroquia dos años más tarde. En la misma carretera podemos ver el peirón de San Antonio. Hubo junto al Piedra una central hidroeléctrica, la Teledina del Piedra, de los hermanos Urbano, de la que todavía puede verse la balsa que recogía el agua para mover la dinamo.

Llumes debe su existencia al río Piedra, que fertiliza su vega. Eran famosas las correntías: durante dos meses los campos permanecían inundados para matar la ballueca y otras malas hierbas. Las tierras de regadío han producido siempre buenas cosechas de cereal, remolacha, judías y cáñamo. También se han plantado frutales, choperas y nogueras. Crecen a orillas del río cientos de espectaculares chopos cabeceros, cuyos maderos ya no se cortan, pero que se vendían antes a pueblos cercanos como Nuévalos y Used. Además, el río ha proporcionado siempre en abundancia cangrejos, que se pescaban con reteles y garlitos, como en Cimballa.