La Granja de San Pedro

 

La Granja de San Pedro

(Texto parcialmente reproducido de la obra Cultura popular de la Comunidad de Calatayud, escrita por José Ángel Urzay Barrios, y publicada en Calatayud por el Centro de Estudios Bilbilitanos y la Comarca Comunidad de Calatayud, en 2006.)

A la Granja de San Pedro sólo entran desde la autovía viajeros despistados que confunden la pedanía con una granja avícola. Este caserío, perteneciente al término de Monreal de Ariza, aparece en algunos documentos como Granja de San Pedro o Villa de Santa Isabel. Perteneció durante siglos al monasterio de Santa María de Huerta, que la vendió. El último dueño de la heredad, que comprendía casas y campos, tanto en la vega como en el secano circundante, fue Vicente Laforga. En la finca particular vivían el mayordomo, renteros, pastores y peones. Parte de la posesión fue vendida antes de la guerra civil. Compraron entonces las tierras parceladas agricultores de los pueblos de alrededor y también familias de Iruecha y de Mochales, que se bajaron a vivir a la Granja para cultivar la tierra adquirida en los años de la República.

De esta forma, lo que históricamente había sido una finca particular se fue convirtiendo en un pueblo, que empezó a crecer hasta alcanzar aproximadamente cien habitantes, unos veinte vecinos, pequeños propietarios agrícolas. Se trajo la luz en los años cincuenta, se construyeron escuelas, otro cementerio, nuevas casas y el agua corriente llegó en los años ochenta. Todo gracias a los esfuerzos de los vecinos de la Granja. En los años sesenta se inició el proceso inverso de despoblación hasta el momento actual, en que sólo queda una familia. Hace unos pocos años la Fundación Federico Ozanan construyó una granja escuela en una finca donada por unos particulares, los Santander Bailón, ahora vacía, sin utilidad alguna. En verano todavía vuelven sus antiguos pobladores, que conservan las casas, a pasar unos días de descanso. El trabajo agrícola que antes desarrollaban varias familias, lo saca adelante ahora una sola persona.

La Granja tiene cosas interesantes. La pequeña iglesia contiene la imagen del Cristo del Jalón. La leyenda habla de una riada que arrastró un Cristo desde Santa María de Huerta, Jalón abajo, hasta depositarlo en la Granja, en cuya iglesia se venera actualmente. La iglesia era la antigua capilla de la casa de campo, comprada también por los nuevos pobladores, entregada al obispado para que se pudiese celebrar misa los domingos y festivos. Desapareció el viejo peirón de San Pascual Bailón, pero se está reconstruyendo otro con nuevos materiales a la entrada del casco urbano. La Granja tiene dos cementerios; el viejo, en lo alto de un cerro, pequeño, íntimo, con tres únicas tumbas, y otro nuevo, en una vaguada, construido porque el otro no se pudo ampliar. Quedan buenos edificios y restos de las antiguas casas de los peones. Hace años se instaló una granja de vacuno en las afueras. Junto al pueblo hay varios repetidores de antenas. Muy cerca está la ciudad romana de Arcóbriga.

Todas las familias salieron adelante, si bien a la larga se vieron obligadas a emigrar. Cultivaban remolacha, cáñamo, cereal, manzanas reinetas y peras de Don Guindo. Las mujeres estriaban las manzanas en el pueblo. Muchos compradores adquirían la manzana en flor, por la calidad de la fruta. En las noches de invierno las familias se agrupaban para esmotar el maíz. Recuerdan un río tan limpio que las mujeres cogían el agua del Jalón muy de mañana, antes de que se enturbiase.

La Granja de San Pedro ha estado siempre más relacionada con Santa María de Huerta que con Monreal. A Santa María han ido siempre de compras, de fiestas, a pasar la tarde.