Fuentes de Jiloca

 

Fuentes de Jiloca

(Texto parcialmente reproducido de la obra Cultura popular de la Comunidad de Calatayud, escrita por José Ángel Urzay Barrios, y publicada en Calatayud por el Centro de Estudios Bilbilitanos y la Comarca Comunidad de Calatayud, en 2006. Este capítulo está firmado al alimón por José Luis Cortés Perruca y José Ángel Urzay Barrios.)

Al evocar Fuentes de Jiloca, es inevitable mencionar la espectacular iglesia de la Asunción del siglo XVI, en lo más alto del encosterado pueblo. En la iglesia se mezclan los elementos tardogóticos con los renacentistas, así como soluciones constructivas mudéjares, como es el caso de la bella torre octogonal. Una logia que parece sacada de manuales de Paladio aporta gracia a la sobria fachada, siendo además un privilegiado mirador a la vega del Jiloca.

A su lado se encuentran las ruinas del castillo, del que sólo quedan restos de una torre. La fortaleza fue protagonista destacada en la guerra de los Pedros. En la primera fase de su demolición trabajó Domingo de Goya, abuelo del famoso pintor. En torno a la peña del castillo abundan las bodegas y las casas cueva.

Desperdigadas por el casco urbano quedan buenos ejemplares de casas aragonesas, entre las que destaca la Casa de la Capellanía, edificio del siglo XVI. Subsisten también restos de algún que otro caserón, como la Casa del Conde, actualmente partida en varias casas de vecinos, y todos los caserones del Barrio Palacio. Otros fueron derruidos en el Barrialto. Del hospital sólo queda el solar que ocupaba.

Haciendo honor al nombre del pueblo, en el casco urbano hay varias fuentes, alimentadas tradicionalmente por los manantiales de la zona del Arca. Algunas, como las de la Plaza Nueva, la Plaza Vieja o la de Barrialto, dejaron de manar en la década de los setenta, cuando se instaló la red de abastecimiento a domicilio, pero otras aún siguen en uso, como la Fuente de la Calle del Mesón, o las más espectacular de todas, la Fuente de los Arcos, construida con piedra de sillería, documentada en la primera década del siglo XVII. Todas mantienen el pilón a su lado.

En el paraje del Arca, donde nace el manantial que abastece de agua a la localidad, se conserva todavía el arca del siglo XVI de bóveda de cañón de sillería, envuelta en una construcción más moderna, que recoge el agua potable para consumo del pueblo. Por el trayecto de bajada a los modernos depósitos aún quedan restos de la antigua tubería de arcaduces de cerámica. A mediados del siglo XX se construyó un lavadero junto a la Sima de las Huertas.

Los paseos por el entorno de la localidad nos descubren interesantes rincones, como las ruinas de la ermita de San Andrés, en las cercanías del cementerio, desde donde se contempla una perspectiva diferente de la localidad: la fachada meridional de la iglesia, el Barrio Alto, Barrio Jardín y Herrería. En el entrono de la ermita se conservan cuatro pilares de piedra y de yeso, que se utilizaban como estaciones del vía crucis.

La ermita de San Roque, antiguo oratorio del ayuntamiento, estuvo abierta al culto hasta los años setenta de la pasada centuria, pasando después a manos particulares. Este edificio de pequeñas dimensiones, que fue remodelado unos años antes de su venta, sólo tenía un arco de piedra en su interior como elemento arquitectónico relevante. Guardaba hasta la década de los cincuenta un retablo del siglo XV atribuido a Martí Bernat, con la imagen pintada de San Roque. Parte de estas tablas se encuentran en el museo comarcal Salvador Vilaseca de Reus y el resto repartidas probablemente en Madrid e Inglaterra.

El oratorio de San Miguel forma parte de una torre agrícola privada en la vega del Jiloca. Ermitas desaparecidas, de las que se tiene constancia documental, son las de Santa Lucía y la de San Pedro.

Quedan dos peirones en la localidad: el peirón de San Vicente, en un cerro junto a la carretera, y el peirón de la Virgen del Pilar, junto al barranco de Santa Lucía. La imagen de este último, una pequeña talla de la Virgen de alabastro blanco, se guarda en la iglesia parroquial desde los días preliminares a la guerra civil. Ambos fueron construidos en el siglo XVII, de ladrillo y posiblemente tuvieron algún tipo de decoración a base de motivos cerámicos. Existen noticias de otros tres peirones: la Purísima, Santa Lucía y San Andrés.

Del pasado histórico de Fuentes quedan abundantes datos en el archivo de la iglesia, donde se guardan los documentos en los que se recogen noticias sobre la unión de las desaparecidas localidades de Novella y Buitrín, así como de la concesión a Martín de Liñán del señorío de Semón y su posterior unión de su iglesia con la de Fuentes. Del despoblado de Novella no quedan restos, ya que estaba ubicado en la zona de las fábricas de escayola y sólo perdura el recuerdo de la desparecida ermita de San Pedro. El despoblado de Buitrín o San Juan todavía puede adivinarse en el pago que lleva su nombre. En cuanto a Semón, sólo queda la ermita de la Virgen de Semón o de las Aguas, que pertenece a Acered, aunque los de Fuentes peregrinan el mismo domingo que ellos.

Además del castillo, el conjunto fortificado contaba con un sistema de torres de vigilancia visibles desde la fortaleza y que controlaban el valle del Jiloca. Orientadas a los cuatro puntos cardinales, quedan restos de las cuatro: al norte, La Torrecilla; al este, Novella; al sur, Valdegascos y al oeste, San Andrés.

Los paseos por los alrededores del pueblo nos acercan a parajes de singular encanto, como la Fuente de la Macha o Jordán en la rambla de Valcodo; Valdesancho o Valderromiro en El Pinar; los barrancos de Las Huertas, El Arca, Las Alhóndigas y Las Nogueras en la zona de los manantiales; las fuentes del Chopo, el Puerto, Majalán, el Tío Mingo, verdaderos oasis en la zona de las canteras.

Las principales riquezas de Fuentes durante siglos han sido el alabastro, el yeso y la escayola. Del alabastro de sus canteras se nutrieron los escultores de la comarca para realizar obras como la portada de Santa María de Calatayud. En la iglesia parroquial se conserva una vidriera de alabastro policromado de finales del XVI, atribuida a Jerónimo Cossida y restos de otras, que hacen pensar que todos los vanos tendrían este tipo de cerramiento y que la producción de alabastro para cierres sería bastante común en esta localidad.

Se tiene noticia del uso del yeso de Fuentes en el siglo XV. Su fabricación se desarrolló con mayor importancia que la de la talla de alabastro, los hornos caseros eran frecuentes y aún quedan restos de algunos en la zona de Novellas. A finales del siglo XIX comienza la explotación industrial de las canteras, que conocerá su época dorada desde la década de los cuarenta a los setenta. Cuando cerraron las fábricas el pueblo sufrió una fuerte despoblación.

De los dos molinos harineros de Fuentes, uno de ellos está en ruinas, mientras que el otro, reconvertido más tarde en central eléctrica y posteriormente en serrería, fue rehabilitado hace pocos años para granja escuela.

Como en otras localidades de la comarca, también en Fuentes de Jiloca se formó una banda de música, que desapareció antes de la guerra civil.