Codos

 

Codos

(Texto parcialmente reproducido de la obra Cultura popular de la Comunidad de Calatayud, escrita por José Ángel Urzay Barrios, y publicada en Calatayud por el Centro de Estudios Bilbilitanos y la Comarca Comunidad de Calatayud, en 2006.)

Codos está situado en un cruce de carreteras que parten hacia Cariñena, Calatayud, Mainar y El Frasno. Llegó a tener más de 1000 habitantes a principios del siglo XIX, dedicados a la agricultura y ganadería, pero ahora el censo es de apenas 300 personas.

Su casco urbano, que conserva íntegra su estructura de siglos, se asienta sobre un alto rocoso, limitado por dos riachuelos: el San Gil y el Güeimil, que se juntan y forman el Grío. Su visión resulta agradable desde cualquier perspectiva, enmarcado por las altas montañas de la cabecera de la cuenca fluvial.

Las casas se asientan sobre piedra diorítica, la misma con que se levantó en 1904 el Monumento al Justiciazgo en Zaragoza, extraída junto al casco urbano en una hondonada del cauce del río. El trabajo de los canteros fue extenuante por la dureza de esta roca ígnea. La mayor parte de la piedra fue llevada con carros hasta la estación de tren de Morata de Jiloca y de allí, a Zaragoza. El último gran bloque hubo de ser transportado directamente en un camión. Fueron extraídos un total de 67 metros cúbicos de piedra.

En la margen izquierda del Güeimil está el barrio de Codicos, unido a Codos por un sugerente puente de un ojo. En la margen derecha del San Gil se encuentra el cerro de Santa Quiteria, con las ruinas de una ermita que le dio nombre, y un barrio de reciente construcción, sobre el antiguo Arrabal. También hubo un palomar en la ladera del cerro.

La iglesia de Santa María Magdalena, gótica del XVI, muestra una bella torre octogonal; en su interior destaca la capilla de la Virgen del Mar. Como en otros pueblos de la comarca, el frontón aparece escrito con los nombres de los quintos anuales.

En las calles de Codos descubriremos las hornacinas de San Blas, de la Virgen del Rosario, de la Virgen del Pilar, de San Francisco Javier y de San Antonio de Padua. En las cuatro últimas se encendían hogueras los días de la víspera.

Dentro del recinto urbano fueron horadadas las bodegas, algunas de cuyas puertas de entrada todavía es posible ver por las calles. La Casa-Museo de Codos conserva muebles y objetos, distribuidos en varias dependencias: bodega, patio, cocina, recocina, corral, cuadra, habitaciones y graneros. Es el único museo etnológico de la comarca.

El peirón de San Vicente, junto al antiguo camino que se dirigía a Cariñena, en las eras de San Vicente, está muy deteriorado. El fuste es un prisma de ladrillo asentado sobre una grada de piedra. El peirón de La Fuente Vieja, junto a la carretera de Mainar, ha sido reparado y presenta una basa de piedras sobre la que se asienta el corto fuste de viejo ladrillo. De la Fuente Vieja, construida en el siglo XVI, se sacaba el agua para consumo de la población.

En la carretera de Tobed se levanta el grueso peirón de Las Almas, con la hornacina vacía, la mitad de su fuste de piedra de sillería y la otra mitad, de ladrillo. De otros peirones sólo queda el recuerdo: el de San Joaquín, el de San Roque, en el cementerio, y el de San Antonio, en la carretera a Miedes, en las eras de San Antonio.

En el San Gil y en el Güeimil observamos pequeños y cuidados huertos, cada uno de ellos con balsas para el riego. La fuente Güeimil ha sido habilitada para merendero donde pasar un rato de descanso.

Hubo una nevera, en las Eras de la Nevera, destruida al construir el depósito de agua. Junto al río se levantaron dos molinos harineros y un gran molino de aceite, ahora cercado por la maleza.

El extenso término de Codos es muy montañoso, con parajes muy bellos. Conserva el mejor bosque natural de pinos de la comarca y algunas manchas de carrasca. Siempre abundaron los ganados de cabras, adaptados a lo abrupto del término. Antes se cultivaba un poco de todo: cereal, viña, olivo y frutales. Las plantaciones han ido evolucionando según la demanda del mercado: pera de roma, melocotones después y cerezas, ahora.

La Pardina era una gran finca privada, aprovechada sobre todo para pastos y leña, donde incluso se mantenía una ganadería de reses bravas, propiedad de Vicente Sierra, conocido popularmente como el tío Guindilla. En La Pardina vivían los pastores e incluso se trillaba el cereal de la finca.

La ermita de San Gil preside el paraje al que da nombre, a los pies del Pico de la Sierra Modorra. A su alrededor vemos restos de edificaciones de un despoblado. La ermita conserva milagrosamente uno de sus arcos apuntados diafragma, levantados con ladrillos.

Desde la carretera a Mainar parte un camino que lleva hasta el nacimiento del Grío, un manantial que se considera el nacimiento oficial del río. Otro enclave es Modón, en cuyas inmediaciones hubo minas de hierro a cielo abierto.