Cimballa

 

Cimballa

(Texto parcialmente reproducido de la obra Cultura popular de la Comunidad de Calatayud, escrita por José Ángel Urzay Barrios, y publicada en Calatayud por el Centro de Estudios Bilbilitanos y la Comarca Comunidad de Calatayud, en 2006.)

Cimballa está en el extremo de la Comunidad de Calatayud, aguas arriba del Piedra. Hasta hace pocos años allí terminaba la carretera, que ahora se alarga hasta Aldehuela de Liestos, perteneciente a la comarca de Daroca. Los escasos restos del castillo, una torre almenada de la que sólo queda un muro, se yerguen en lo alto del cerro que domina todo el entorno. En la ladera del monte puede verse todavía la silueta de un palomar.

La iglesia del siglo XVII está consagrada a la Presentación del Niño Jesús o La Purificación de la Virgen, que son conceptos sinónimos. Conserva una portada románica tapiada y restos de capiteles del mismo estilo artístico en el interior. Es una iglesia de una sola nave, con arcos de medio punto, bóveda de lunetos y crucero con bóveda de aristas.

En Cimballa, patria chica de jugadores de pelota, no podía faltar el frontón, sin paredes laterales, escenario de innumerables partidos y competiciones, situado en el centro del pueblo. El lavadero es un buen edificio de ladrillo levantado en el año 1958 en el camino hacia el Río Molino.

Del Cerro Molino nacen los tres manantiales que, gracias a su aportación de caudal de agua al río Piedra, permitieron la ubicación aguas abajo de la piscifactoría de truchas en los años sesenta. Son impresionantes los Ojos del Piedra, surgencias de agua en el barranco del Río Molino, que dotan al río de un caudal estable y abundante. Los Ojos del Piedra forman parte del complejo hidráulico privado del Molino, que fue uno de los más importantes de la comarca, con tres piedras de moler. Del manantial del Batán y del manantial del Molino Bajero brota también un agua pura y fresca que da gozo verla. Estas afloraciones de aguas límpidas son un milagro de la naturaleza.

Junto a los Ojos del Piedra se conservan dos viejas pesqueras que servían para guardar los cangrejos.

Aguas arriba del Río Piedra, también en la margen izquierda, brota el manantial del Molino Nuevo, debajo del Recuenco de su nombre, al amparo de las peñas de Los Cantales, donde es fácil divisar los días soleados buitres posados en los riscos. Apenas quedan restos del molino, que da nombre al manantial. Magníficas nogueras ponen la nota de fresco verdor en las laderas del monte y en la vega. Del manantial sale una acequia que cruza el río por una canal para regar también la margen derecha de la vega.

La ermita de Santo Tomás se levanta en una curva de la carretera de Aldehuela, enfrente del cementerio. En ese tramo del río quedan algunos pozos de agua con norias de gran interés. Cada pozo está excavado junto al río con la profundidad necesaria para alcanzar la capa freática del lecho. Alrededor del pozo hay una plataforma circular construida con piedras para que un animal de tiro dé vueltas alrededor. Se enganchaba a la mula un madero que accionaba todo el mecanismo de extracción de agua mediante dos ruedas dentadas. En la parte superior del pozo está anclado el sistema de cangilones que sube el agua y la echa a un tubo.

Hubo caleras, tejar, hornillos de yeso y colmenares. El peirón de San Antón junto a la iglesia fue derribado.

La rica vega tiene una extensión aproximada de 800 hanegadas. Actualmente el cultivo predominante es el maíz y las choperas, pero antes se cultivaba cáñamo, remolacha, patatas y judías. Había buena fruta, manzana, peras normandas, de roma y de agua. En el secano sembraban cereal y poca viña, pues el terreno es frío.

Los cangrejos de río fueron la gran riqueza de Cimballa. Hubo cangrejos autóctonos hasta los años setenta, cuando murieron todos atacados por la afanomicosis, producida por un hongo infeccioso, transmitido principalmente por los cangrejos rojos americanos. El río fue repoblado entonces con estos cangrejos foráneos. Al principio la pesca era totalmente libre, regulada únicamente por la tradición local, pero progresivamente los pescadores hubieron de sacarse licencia de pesca y acatar los períodos de veda. Se respetaba generalmente tanto las cangrejas como los tamaños pequeños de las capturas, que eran devueltas al río. Se pescaba para el consumo familiar y también para venderlos por todos los pueblos de alrededor. Nos cuentan que incluso hubo quien llevó cangrejos hasta Madrid en caballería. Los años sesenta, cuando se llegó a pagar hasta 1.000 pesetas el kilo, fueron los más productivos para esta actividad pesquera. A cualquier momento y con cualquier excusa cogían cangrejos para preparar una buena merienda, guisándolos de múltiples formas: con cebolla y tomate, en tortilla, cocidos y en caldo.

Los garliteros pescaban con el garlito, un artilugio elaborado con juncos, en cuyo fondo se colocaba una sardina rancia. Los cangrejos entraban con facilidad, pero no podían salir. Cada pescador los colocaba en la parte del río que deseaba y todos los demás los respetaban. Los garlitos eran revisados todas las mañanas, llegándose a coger hasta quince o treinta cangrejos cada vez. A veces la guardia civil los rompía, pero raramente denunciaba a los infractores. Otro sistema de pesca era las cestas, llamada también barquillas: los hombres se metían en el río y las arrastraban a favor del agua porque los cangrejos huyen hacia atrás. Otros preferían pescarlos a mano a pesar de las pinzas enormes y disuasorias de algunos ejemplares. En los últimos años se empezó a utilizar el retel, sobre todo con los cangrejos americanos. Los cangrejos eran guardados en las pesqueras, casetas con agua corriente cerradas junto al río y las acequias, donde los almacenaban vivos conforme los pescaban hasta que llegaba el comprador. También capturaban en el río barbos con trasmallo y truchas.

La banda de música, que todavía permanece activa como charanga, es una de las señas de identidad de Cimballa. Estaba integrada por más de veinte miembros, que vestían uniforme azul. Incluso hubo dos bandas después de la guerra durante unos años. Ensayaban en casa del director, aumentando la intensidad unos días antes de salir a tocar por los pueblos. Iban mucho por Castilla, sobre todo por localidades de Soria y Molina de Aragón, muchas veces andando y en caballería hasta que pudieron contratar una furgoneta.

En Cimballa existió siempre mucha afición a la música. Había excelentes tocadores de cuerda y de acordeón que interpretaban sus piezas en los dos bailes locales. De Cimballa era la jotera Ángeles Pérez. Aunque en algunas biografías aparece como nacida en Cimballa, Jacinta Roy Yagüe, cuyo nombre artístico fue Ofelia de Aragón, nació en el Monasterio de Piedra, finca donde trabajaban sus padres. Fue jotera, cupletista y cantante de zarzuelas y tangos. Debutó en Madrid, viajó varias veces a América y cantó también en Europa. Estrenó La Mesonera de Aragón, de los hermanos Álvarez Quintero, se convirtió en empresaria e hizo debutar a Miguel de Molina. Gozó de una gran fama, pero hoy día está totalmente olvidada.

En Cimballa siempre ha habido excelentes jugadores de pelota y de pala corta, tanto que han salido en diversas modalidades campeones de España, de Europa y del mundo. Jugaban cualquier día, pero especialmente los domingos después de misa. Recorrían todos los pueblos de alrededor, como Molina, Calatayud, Arcos, para competir con los mejores jugadores comarcales. Algunos buenos jugadores que se vieron forzados a salir de Cimballa por causa de la emigración en los años sesenta, recorrieron toda España jugando a la pelota.

De Cimballa es el matador de toros Juan Ramos, nacido en 1950, un torero valiente, buen banderillero y estoqueador, triunfador en la plaza de Barcelona, pero que tuvo la mala suerte de fracturarse un brazo, primero, y sufrir una grave cogida en Zaragoza, más tarde.

Aquí nació también Antonio Álvaro Ballano, obispo de Zamora, senador por el Arzobispado de Valladolid a principios del siglo pasado.

Cimballa es todavía el agua que brota por todas partes, que fluye sin cesar, rentabilizada en una piscifactoría y, valle abajo, en la riqueza turística del monasterio. En este entorno privilegiado por la Naturaleza, las viejas tradiciones cimballeras presentaban todas las características de una comunidad muy ligada a su entorno, con sus fiestas invernales y el culto al Santísimo Misterio. La despoblación, las malas comunicaciones y su lejanía han reducido drásticamente sus tradiciones.